martes, 3 de octubre de 2017

Lila

Con ellos fue mi primer escape de clases. No importaba lo que ellos decían, no podía dejar se sentir que estaba haciendo algo malo. Las palabras de Iván, aunque revueltas e incompletas, me habían ayudado sólo a decidirme, mas no a tranquilizarme a pesar de que sabía que mi madre no se enteraría ni mi hermana, sólo sentía que traicionaba a mi padre, lo que para mí pesaba más que otra cosa.

Únicamente cuando la película comenzó fue que el nerviosismo cedió pues me divertí tanto con la proyección que olvidé la hora y el lugar donde me encontraba. Lo que terminó al salir del establecimiento y reconocer el estacionamiento de la plaza vecina de nuestra escuela, mi reloj corroboró lo que ya había pensado cuando entramos a la función sobre perder dos clases y salir un tanto más tarde de la hora normal.

Caminábamos hacia las paradas, ellos no dejaban de platicar de lo más gracioso, hasta que Cristal se detuvo en seco para observarnos y ahogar un grito antes de decir:— ¡Las mochilas!

En ese instante los seis salimos corriendo de regreso al cine por nuestras cosas que dejamos encargadas en paquetería al entrar. Íbamos riendo como niños de nuevo, incluso competimos por ver quien era el más rápido, título que se ganó Marco, con Cristal como segunda e Iván como último.

Al entregarlas, el encargado se mantuvo con la actitud de alguien acostumbrado a esos olvidos, sin embargo nosotros seguimos riendo aún después de habernos separado para nuestras paradas correspondientes.

Me hubiera gustado pensar que nuestra falta no fue percibida por el resto de nuestros compañeros pues en cada clase de inglés el grupo se dividía en dos, no obstante también faltamos a la clase de historia en el salón normal, seguramente fue obvia la ausencia de nosotros seis aunque nos sentáramos en lugares diferentes.

Lo que le dije a mis amigas fue que me había sentido mal por lo que me fui temprano a casa, algo que no tenían forma de dudar puesto que no sabían que yo nunca había faltado por algo como eso. Después de esa vez nunca volvieron a obligarme a faltar a clases aunque no fue la última ocasión en que lo hice.

Dos semanas más tarde los invité a mi casa por lo que les había prometido sobre las películas de terror que mi papá había coleccionado por varios años. Los sábados mi mamá no estaba así que sólo tuve que avisarle a mi hermana por si se quedaría o saldría. Ella era lo contrario a mi pues era una persona carismática en quien la gente confiaba fácilmente, era sociable y muy expresiva; constantemente salía con sus amigos o los llevaba a casa, por eso se sorprendió de que yo fuera a llevar a alguien.


Para las doce veinte los cinco ya estaban todos en la sala eligiendo las películas que podríamos ver, Tomás era el que más sabía de eso así que les daba opciones y ellos decidían cuál escoger; dos de las tres candidatas duraban sólo una hora, por esa razón comenzamos con la de dos horas.

Mi hermana, quien a último minuto había decidido salir un rato por la mañana, regresó cuando el final de la primera estaba cerca; fácilmente supo moverse sin que nadie la notara, más que yo, para  no interrumpir y mandar a traer la pizza que ese día comeríamos.

De esa forma, hasta que la comida llegó, mi hermana bajó a presentarse con aquellos que había llevado, sin poder ocultar de nuevo su sorpresa por lo variado que parecía ser el grupo a quienes llamé amigos.

—Así que Lila y Lorena… —Estaba en la cocina cuando escuché la observación de Marco, incluso imaginé el golpe con el codo que Valeria le debió haber dado por el quejido que hizo.

—De hecho es algo gracioso eso de los nombres. —Para asegurarse de que no estaba diciendo algo que no debía, mi hermana fue conmigo a la cocina a ayudarme con los vasos y recibir mi aprobación del comentario—. El nombre de mi papá es Leonel y el de mi mamá es Lucero…

—Ríanse, esos dos tenían sentido del humor y por eso los escogieron así.—Al notar que el silencio había durado más de lo normal, tuve que intervenir pues imaginaba lo seria que ellos creían que yo era.

Que hablaran con mi hermana no fue difícil, toda la comida platicaron sobre la película pues ella también ya la había visto. Cuando bajó a comer con nosotros creí que me sentiría celosa de que se llevara bien con ellos ya que esa carisma era la única característica que yo le envidiaba a pesar de que ya me había acostumbrado a no ser alguien de muchos amigos. Y sin embargo no sentí nada más que tranquilidad y alegría de verla hablar con ellos como si fuera una más de nosotros, si es que estaba bien que lo dijera de esa forma en esos tiempos.

La invitaron a acompañarnos a ver las siguientes películas, no obstante ella se negó explicando que ya las había visto y tenía cosas que hacer. Mientras Tomás y Valeria me ayudaban a recoger la mesa junto a Lorena, los otros cuatro fueron a preparar la siguiente película.

Fue al final de la segunda que me di cuenta de que Cristal ya no quería seguir viendo pues cada vez se removía más en su lugar a mi lado y se distraía con su teléfono aunque trataba de no molestar. Por eso le sugerí que subiéramos a mi cuarto, al inicio trató de convencerme de que no estaba inquieta hasta que mi excusa de que esa no era mi película favorita y que ya la había visto la convenció.

A los pocos minutos de haber subido, Valeria se unió a nosotras sólo porque no quería quedarse sola con ellos y porque tenía curiosidad de mi habitación. Hablamos sobre la distribución de nuestros cuartos, lo que nos gustaba y no gustaba de estos y cosas tan simples como esas. De alguna manera llegamos a la observación de que no tenía cosméticos ni tocador, por lo que mi poco conocimiento sobre estos le dio la idea a Valeria para cuando fuera su turno de cumplir con la otra promesa.

—Cuando vayan a mi casa y nos cansemos de jugar, haremos sesión de chicas y nos maquillaremos con los cosméticos de mi mamá.

—Así que la siguiente parada será la casa de Vale. —Con la voz de Tomás se asomó su mano para pedir permiso antes de entrar, lo que me pareció muy considerado.

—Sí, sólo que creo que sería mejor dejarlo a después de que pase el proyecto de literatura. —Los tres chicos entraron en cuanto los invité, Iván fue quien avisó de que ya habían apagado la tele y el DVD mientras se sentaba junto a Marco en la cama.

—Confío en que las habilidades de Cristal serán mucho mejores que las de Valeria en maquillaje. —Mientras la primera se reía inocentemente, la otra fulminó con la mirada a Marco, quien se hizo el desentendido.

—No es que no sepa, sólo no me gusta hacerlo para ir a la escuela. —Haciendo un puchero infantil, Valeria se cruzó de brazos.

—Bueno, pero Cristal convive con las empanizadas, cosas debe haber aprendido. —Al inicio pareció que Iván se arrepentiría de su comentario, mas al escuchar a Cristal riendo abiertamente, supo que no se había pasado.

Con eso comenzamos a criticar a los que llamábamos amigos, quiénes no nos caían bien, los que de alguna forma queríamos y los que no conocíamos bien, ya fueran de los nuestros o de ellos. De eso terminamos mencionando como Valeria y Cristal eran hijas únicas, Marco y Tomás eran los hermanos de en medio, e Iván y yo que éramos los mayores.

Los cinco se fueron a las seis veinte, a poco de que comenzara a oscurecerse. Tomás y Valeria fueron los únicos que se llevaron un par de películas de la colección para verlas en su casa, yo sólo les pedí tratarlas con cuidado y no olvidarlas porque eran de mi papá. Me disponía a lavar los trastes cuando mi hermana bajó.

—No les dijiste sobre papá. —Al inicio tardé un poco en entender a qué se refería.

—No les mentí ni nada, sólo aún no era momento de que lo supieran, además no es muy necesario andar contándolo.

—¿Aún? ¿Desde hace cuánto los conoces?


—Como un mes. —Me encogí de hombros para restarle importancia e ignorar la incredulidad de su mirada con la que reprochaba haberlos dejado solos en la sala mientras yo me subía a mi cuarto. No sabía con qué tipo de gente ella se juntaba y llevaba a la casa, pero eso me hizo pensar que yo no era tan desafortunada con la búsqueda de la amistad. 

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Tomás

Durante ese primer sábado, que pasamos juntos como si fuéramos amigos de toda la vida, tuvimos nuestra primera plática verdadera sobre nuestros gustos; descubrimos que Valeria había jugado desde muy chica por sus padres que eran seguidores de los clásicos aunque ahora jugaba más los móviles, que Iván era un nuevo jugador desde hace tres años por lo que sus conocimientos eran más actuales, que Cristal era más de los de celular aunque conocía poco de los actuales, que lo único que había jugado Marco eran los juegos de las maquinitas mientras Lila ni uno había probado y que yo sólo jugaba de los simples y populares de celular hasta que me hartaban.

El recorrido por el pequeño local no duró más de diez minutos en los que los tres nos hablaron sólo un poco de los que veían, afuera caminamos mientras los escuchábamos hablar de sus tipos preferidos hasta que llegamos a la zona de comida donde nos sentamos a seguir escuchándolos intentando convencernos de que nos uniéramos a su amor por los videojuegos.

Usualmente me molestaba que la gente tratara de obligarme a probar sus gustos, o que hablaran sin parar de algo que les gustaba a pesar de que sabía lo grosero que era mi comportamiento, sin embargo se trataba de algo que mi yo egoísta no podía detener. Sólo que en ese día no me molestó escucharlos, incluso me interesó mucho de lo que Cristal me habló sobre los juegos móviles que conocía.

El final de esa plática terminó con Valeria ofreciendo su casa para que todos pudiéramos jugar los que tenía y algunos que Iván se ofreció a llevar, lo que pactó nuestra segunda promesa y dio paso a la tercera en el momento en que nos levantábamos de la mesa pues Lila nos invitó a ver la colección de películas de terror que su padre había juntado años atrás.


Nuestra reunión terminó poco después de las cuatro, nos despedimos en la entrada de la plaza para tomar nuestros transportes. Esa salida me dejó sonriendo aún después de que llegué a mi casa; mientras preparaba la cena para mi papá, que sería nuestra comida del siguiente día, mi hermana mayor notó mi felicidad.

—¿Ya conseguiste novia? O tal vez… ¿novio?

—¡No! Sabes que serías la primera en saberlo. —Riéndose me dio con la cadera sin dejar que el tema pasara de largo— Es sólo que me divertí con los chicos con los que hoy salí. —Acabé por contarle cómo los había conocido y lo que habíamos hecho ese día, al hablarlo lo sentí estúpido y normal, ya la imaginaba riéndose de mi comportamiento infantil. Sin embargo me observó en silencio sin ninguna expresión, solamente recargando su mentón en sus manos y sobre el palo de la escoba.

—Te deseo de verdad que no sea una amistad de unos meses. —Tanto me sorprendió lo que dijo que todas las respuestas que imaginé se me borraron—. En la secu y la prepa tienes amigos con tus mismos gustos, pero al no buscar un futuro juntos los olvidas cuando en la carrera conoces gente distinta a ti pero con una meta no muy diferente.

>>Tal vez es pronto para que pienses en el futuro, así que sólo considérate afortunado si esa amistad tan aleatoria se mantiene. —No tardó mucho en notar la forma tan extraña en que la veía y, aunque no se mostró apenada, trató de darle fin a nuestra conversación— La sociable es Eli y el suertudo tú.

—Y la anciana es Cami. —A la cocina llegó Elisa con la ropa doblada bajo sus brazos, lo que la hacía parecer que estaba poniendo los brazos en jarras como si estuviera enojada—. Sólo tienes un año en la carrera y ya te crees sabia.

—Hasta el día en que muera, seré la mayor de ustedes, les pese lo que les pese.

Las palabras de mi hermana mayor quedaron en mi mente, me esforzaba por dejar de pensar en ello pues si las cosas no resultaban tan bien como lo había dicho, la decepción sería peor. Incluso cuando el lunes Lila e Iván llegaron con las copias del libro que leeríamos, traté de convencerme de que él lo habría hecho si los hubiéramos conocido o no y casi lo logré hasta el miércoles.

Entrando a la escuela, a unos pasos del edificio donde tenía mi clase, Marco me llamó. Iván estaba a su lado como si lo acabara de encontrar también, lo que nos dijo fue que quería que convenciéramos a Lila para que fuéramos al cine durante la clase de inglés, la cual era la penúltima de ese día.

No recordaba haber visto a Marco llegar tan temprano antes, aunque tal vez sólo no lo noté. Después de que aceptáramos, nos dejó para esperar a las otras chicas pues debía ser fuera del salón ya que Lila era de las que llegaban primero. Y efectivamente, ella ya estaba dentro.

Nunca me enteré por qué, pero a Cristal no le pudo decir antes de que empezara la clase, así que sólo le fue posible al final de la segunda clase, momento en que la mayoría de los compañeros habían salido por algo de almorzar o al baño, Lila estaba por salir cuando Marco fue a la mesa de Cristal y sus amigas.

—Ya lo desacomodé… tenías razón. —Sobre su mesa le dejó sus copias un tanto arrugadas y desordenadas.

—Vaya… superaste mis expectativas, creí que estarían así al final del primer día. —Mientras ella le sonreía y tomaba sus hojas, sus amigas la veían de reojo como si no creyeran posible que estuviera hablando con tanta familiaridad con él.

—No tienes idea de cuánto puedo sorprender. —Cuando nos habían dado nuestras copias, Cristal había dicho que las de Marco no durarían en orden y que ella se ofrecía a engraparlas juntas y coserlas, lo que él había rechazado al decir que no era tan desastroso. Sin embargo en ese momento lo que hizo sí causó sorpresa en el resto pues se sentó en la mesa de Cristal, se agachó para quedar a la altura de su cara y así usar su brazo alrededor de su cuello para atraerla más hacia él y hablarle al oído.

Yo no estaba muy lejos de ellos por lo que pude ver lo roja que se puso por la acción aunque se negara a moverse, vi a sus amigas girarse incómodas y sorprendidas, e imaginé las preguntas con las que la atacarían después. Cristal sólo asintió a lo que le dijo, Marco se separó de ella distrayéndola con sus copias para que la pena se le pasara rápido antes de irse.

El plan de Marco fue que, mientras todos se retiraban hacia la clase, Valeria e Iván le impidieran a Lila seguirlos. La excusa sería el trabajo que harían y el libro, la distraerían los primeros cinco minutos, diez si se podía, para que la clase comenzara; los demás nos quedaríamos fuera del salón para encerrarla si era necesario.

—¿Podemos hablar de esto en los salones de inglés? —Su voz sonó un tanto nerviosa al levantarse de su banca.

—No, recuerda que Valeria está en el otro grupo. —Como siempre, Iván fue el más rápido en improvisar, sin embargo Lila no estuvo satisfecha con la respuesta.

—Pero los salones no están separados… y ya es tarde…

Escuchamos un ruido que pareció ser de los dos saltando sobre o frente a ella para detenerla así que los tres por fin entramos. La sorpresa fue evidente en ella cuando cerramos la puerta, sólo las palabras tranquilas de Valeria fueron calmándola hasta que le contaron de lo que se trataba el plan.

—No. —Su respuesta fue tajante, ese día, en el que Iván había dado la idea, no había notado la expresión que ella había puesto, sin embargo en ese momento imaginé lo que habría hecho— Es cierto que nunca me he saltado ninguna clase, pero no estoy interesada en hacerlo porque… me da miedo pensar que después ya no pueda dejar de hacerlo. —Tenían lógica sus palabras, ninguno de nosotros pareció encontrar la respuesta adecuada, excepto Iván.

—Ok, creo que entiendo. —Todos lo observamos, provocando su timidez aunque no lo detuvimos pues él sí había notado la mirada que Lila había hecho antes, según me contó después—. Como creo que sabes, fui el que sacó el puntaje perfecto en la prueba de selección… y no hice trampa, sólo estudié. —Fue a final del primer año cuando me enteré de eso de él, aunque me fue indiferente pues en esos tiempos aún era aplicado, y después de ver cómo era en realidad dejé de verlo como esa otra persona.

>>Antes me esforzaba, ahora no lo hago sólo porque ya no quiero. —Bajó la cabeza mientras se rascaba la nuca—. Y te seré sincero, saltarse las clases es agradable, mucho más que entrar a ellas, pero ni siquiera yo lo hago a cada rato sólo porque ya no tengo control. —Se giró a verme—. ¿Cuántas veces he faltado a alguna en este año?

—Un par, la última te saltaste solo inglés.

—Sí, odio la voz de la maestra y su forma de enseñar así que no vale. —La incomodidad o tensión que sus palabras habían provocado se disolvió ligeramente con su comentario, hasta él pareció relajarse un poco aunque yo no podía dejar de preguntarme cuál había sido la razón de su cambio como estudiante—. Una vez, sólo inténtalo esta vez y nunca más te lo volveremos a pedir si así lo quieres.


Después de eso ya no tardamos más en que Lila aceptara así que los seis pudimos irnos al cine platicando de los recuerdos que teníamos de la primera vez que alguno se había saltado clases, además de la cantidad infinita de recuerdos que parecía tener Marco sobre sus experiencias en ese tema. Poco a poco Lila fue dejando de pensar si lo que hacía estaba mal o no. 

lunes, 18 de septiembre de 2017

Cristal

Por primera vez en mucho tiempo, el permiso que pedí no fue de sí con mi mamá y no con mi papá, los dos estuvieron de acuerdo después de contestarles a dónde iba. Estaba emocionada, tal como tenía meses sin estarlo debido a que las salidas con mis amigas ya no me divertían tanto al ser siempre lugares similares donde iban a ver chicos y ropa, tal vez lo de ver ropa seguía gustándome pero tener que estar hablando de cosas para las que nunca obtendría permiso, era lo que me aburría.

Sabía que mis padres, y de verdad lo creía de ambos, no me permitirían ir un fin de semana a casa de alguien más, o salir de viaje por placer, o estar fuera de casa hasta tarde. Además, salir con ellas siempre era caro por la comida, el transporte y cosas extras que les gustaba que compráramos juntas. Mi familia no era rica, el poco dinero que me daban lo sentía suficiente, considerando las limitaciones que teníamos, así que muchas veces me encontré negándome a sus salidas, lo que ya las tenía acostumbradas aunque siguieran haciendo su cara de desilusión o de disgusto.

No imaginaba cómo sería salir con estos cinco chicos que apenas conocía, sólo sabía que podría ser que nunca más saliéramos de nuevo, y eso me hacía sentir un tanto desanimada. Por eso fue que me emocionó la salida, quería disfrutarla sin pensar en nada, y el que mis padres lo hubieran permitido de buena gana mejoró mucho más mi humor.

Llegué al sitio planeado cinco minutos antes de la hora, y no me sorprendió ver a Lila esperando. Estaba sentada en una banca leyendo, parecía que cada cierto tiempo levantaba la vista para buscarnos, así que cuando ya estaba casi cerca de ella, me vio y cerró su libro.

Mientras esperábamos hablamos de las veces que habíamos estado en plazas y de las que nos gustaban aunque fue claro que a ella no le gustaba como hobby el caminar sólo viendo aparadores con cosas que nunca comprarías o comiendo en esos lugares donde todo era exageradamente caro. La forma en que me lo dijo me hizo pensar en mí misma, aun cuando no estaba de acuerdo con todo.

El tercero en llegar fue Marco, entró con la apariencia de siempre a la hora exacta. Veía hacia los lados confirmando el que no conocía ese lugar, aunque también parecía como si viera a las personas, siendo que algunos sí se le quedaban viendo por su aspecto tan desaliñado.

Al saludarnos percibí el olor a tabaco, por lo que tuvo que explicarnos que había llegado como veinte o treinta minutos antes, esperando fuera mientras fumaba ya que no quería entrar solo por las veces anteriores que con sus amigos habían provocado incomodidad en los vigilantes y visitantes al grado de que les pidieran salir. No le molestaba ni le agradaba que lo siguieran tratando con precaución, por eso Lila se interesó en experimentar si se trataba por su aspecto o compañía.

Discutíamos de lo que haríamos para comprobarlo cuando llegó el cuarto de nosotros, Iván, quien tenía el cabello despeinado por el viento y la respiración agitada por haber corrido ya que pasaban diez minutos de la hora de reunión.

—Lo siento, mis padres me entretuvieron antes de salir. —Se dejó caer a un lado de Marco haciéndose aire con la mano.

—Alégrate, no fuiste el último. —Marco le pasó una propaganda para que se aireara mejor.

—Eso no me preocupaba. —Agradeció el papel—. Es raro pero siempre que voy tarde, Tom también llega tarde así que procuro apresurarme para al menos ganarle a él.

—Bien, eso de verdad es raro —dije en lo que tomaba el libro que Lila había estado leyendo para saber de lo que trataba.

El último par llegó al mismo tiempo, quince minutos más tarde de la hora, Tom alegó que se la había encontrado en la entrada de la plaza y que por eso venían juntos, sin embargo nosotros hicimos bromas en todo el camino hacia la taquilla del cine para decidir por fin lo que veríamos.

La elección quedó en empate donde Marco y Tom querían ver una de terror mientras Valeria y yo queríamos ver una de animación; Lila no tardó en desbalancear las opciones cuando apoyó la de los chicos así que la decisión final quedó en Iván, quien se mostró algo incómodo por ser quien tuviera la última palabra.

Para convencerlo, Tom y Marco hablaron de lo mala que era la película, que no asustaba y que era más para reírse; por eso Valeria y yo también expusimos lo mejor de nuestra selección. Lo que logramos fue confundirlo más hasta que nos pidió unos segundos para decidir.

—Veamos la de terror, es una que seguramente no durará mucho en cartelera así que la otra la podremos ver otro día.

Se veía inseguro con su resolución, nosotros nos observamos sorprendidos, al menos yo no creía que habría una segunda reunión como esa antes de que él lo hubiera sugerido de esa forma. En ese momento la idea me hizo muy feliz, sin embargo no lo demostré pues tenía miedo de que los demás no sintieran lo mismo.

—No hay que olvidar que al lado de la prepa hay un cine. —Valeria habló primero, tan sonriente como siempre, los demás compartieron la alegría.

—Saliendo de clases, tal vez. —Aceptó Lila encogiéndose de hombros sin mucha convicción.

—O saltándonos alguna.

Aunque la mitad de nosotros no estaba en desacuerdo con la alternativa de Marco, decidimos tomarla como broma antes de que Lila e Iván fueran a la taquilla a comprar los boletos mientras nosotros buscábamos una mesa para esperar pues la función más cercana estaba a una hora de que comenzara.

El primer tema que salió, ya que estuvimos los seis acomodados en la mesa, fue sobre el trabajo de literatura, siendo lo primero que señaló Valeria el que hubiéramos quedado en parejas a pesar de que sabía que en mi equipo tenía a dos de mis amigas, Tom con uno de los suyos y dos de Marco, y una con ella misma.

No fue sorpresa que los tres equipos hubieran elegido cómic pues era lo más fácil de hacer y presentar, lo que sí nos sorprendió fue que el libro elegido fuera el mismo.

—Y por eso es que Iván nos va a prestar su libro. —Tomás rodeo el cuello de Iván con su brazo, más como si lo ahorcara que si lo abrazara; por eso fue rechazado casi de inmediato por su amigo que hizo una mueca un tanto malhumorada que cambió rápido por una sarcástica.

—Así que elegiste esa porque me escuchaste. —La respuesta del acusado fue de una sonrisa sin vergüenza.

—En realidad tenemos dos libros, Lila también tiene el suyo así que no nos pelearemos. —Lila e Iván se vieron para después suspirar aunque no se veían molestos, de hecho parecían divertidos.

Dimos alternativas sobre cómo y cuándo sacarles copias pues ellos también necesitaban leerlos así que no nos los podían dar inmediatamente, ni tampoco nosotros podríamos leerlos tan rápido para pasárselo al siguiente. Marco proponía llevarlo en la mañana a la papelería frente a la preparatoria, donde las copias costaban diez centavos, y recogerlos al salir, sin embargo ninguno de nosotros quería ser quien lo llevara tan temprano. Lila se quejaba de que no sería quien lo llevara cuando Tomás nos recordó que ya debíamos formarnos por las golosinas o no nos daría tiempo.

Dentro de la sala Lila pidió que yo me sentara en medio de ella y Valeria para que llevara las palomitas, a pesar de que le pedí que ellas se encargaran de eso pues los sustos sorpresivos de esas películas me harían tirarlas. Aún así ella insistió ya que durante la película me estuvo quitando el bote cada momento en que uno de esos sustos sucedería lo cual me ayudó a que no me tomaran tan de sorpresa.

Al salir comenzamos a caminar por la plaza mientras hablábamos de la película, los tres que la eligieron no dejaban de reír por lo irreal y estúpido de algunas situaciones y de cómo los personajes parecían haber sido realmente tontos. Hasta que terminó la euforia provocada, Lila recordó el experimento que quería hacer con respecto a Marco, lo que comprobó que sí se trataba de su forma de vestir pues el resto había notado unas cuantas de las miradas de algunos vigilantes y transeúntes.

Entonces se le ocurrió a Tomás que podían cambiarle un poco la apariencia si él le daba su chaqueta. Estaban por entrar al baño para arreglarse lejos de la vista de los demás, cuando también metió a Iván con la excusa de que el chaleco desgastado de Marco no le combinaría con el resto de su ropa por lo que necesitaba de la sudadera del tercero y que este llevara el chaleco.

A empujones y reclamos, los tres entraron y tardaron menos de cinco minutos en salir. Tomás lucía como siempre, sólo menos arreglado de lo normal, Iván entraba en el aspecto de vago como si siempre lo hubiera sido aunque no tenía toda la intimidación en la mirada y postura como Marco, quien ahora se veía más como un chico normal, e incluso hasta guapo.

El cambio fue obvio, ya nadie lo seguía con la mirada ni lo trataba como algo más que un chico con sus amigos. Después de eso pudimos distraernos con las tiendas de ropa, aunque no entrábamos a ninguna ni perdíamos tanto tiempo frente a estas, lo que fue nuevo para mí ya que mis amigas querían entrar a todas sin pena de sólo pasearse entre los pasillos y vestidores sin comprar nada o poco.

Caminamos medio platicando del cambio de los tres chicos cuando pasamos cerca de una tienda de videojuegos, traté de disimular sin detenerme, sin embargo Valeria se me acercó al oído para susurrarme: “Sé que quieres entrar”.


Al inicio me asusté pensando que había sido obvia, mas al verla tomar el brazo de Iván y el mío, nos arrastró dentro sin decirle nada a los otros tres que siguieron caminando sólo un par de pasos más hasta notar nuestra ausencia, obligándolos a seguirnos dentro sin mostrarse molestos. 

martes, 12 de septiembre de 2017

Iván

Después de tantos años nunca le pregunté a Lila si la propuesta de posponer la apuesta fue por no despedirnos aún o por usarla como verdadera recompensa por nuestro trabajo. Aunque de todas formas no hablamos mucho más las siguientes dos semanas y media en que tardó el maestro en darnos nuestra calificación, sólo en las mañanas cuando nos veíamos nos saludábamos de lejos, o cuando Valeria se acercaba a Tom para hablar de su taller de escultura ya no me dejaba fuera de su conversación.

El mayor contacto que hubo fue cuando Marco se acercó a Lila, en alguno de los momentos entre clases, para preguntarle sobre un tema que no terminó de comprender cuando yo se lo expliqué. Fue un suceso cómico porque los compañeros que estaban ahí se quedaron casi boquiabiertos de ver a la chica más inteligente del salón responder amablemente a las preguntas de uno de los chicos vagos.

Un miércoles el profesor de biología le pidió al grupo salir exceptuando a nosotros seis para la revisión de nuestro examen, en esa ocasión los seis nos movimos, mientras el resto salía, para sentarnos juntos en una misma mesa.

—¿De verdad lo hicieron ustedes solos? —Nos observó arqueando una ceja.

—Claro, así nos lo pidió.

—Y no es como si conociéramos a los otros maestros para que tranquilamente les pidiéramos ayuda. —Me encogí de hombros con una respuesta instantánea que provocó una risa contenida del profesor antes de entregarnos la hoja con un nueve punto cinco sobre esta.

—Lo hicieron muy bien, sólo en un par les faltó un poco de detalle pero en general estaba bien. —Nos vimos los unos a los otros felices por el resultado—. Por eso, además de que este examen no lo tendrán reprobado como el resto, tendrán un punto extra en su calificación final.

Valeria y Cristal expresaron la misma felicidad que todos tuvimos por la noticia al soltar un corto y bajo grito de emoción. Salimos a diez minutos de que terminara la clase luego de una plática corta y simple con el maestro, caminamos juntos hacia la salida jactándonos de la suerte que habíamos tenido sobre el resto.

—Aparten este sábado que iremos al cine. —Valeria alzó los brazos para celebrar, nuevamente, su victoria en la apuesta—. Y necesito que me digan por dónde viven para que encuentre el cine que mejor nos quede de punto medio.

Dio nuestra verdadera hora de salida cuando terminábamos de darle la información que pedía, ninguno de nosotros se sintió mal por no haber podido aprovechar ese tiempo extra, en cambio lo sentimos cuando tuvimos que separarnos. O al menos yo lo sentí.

Para la noche Valeria nos confirmó el sitio al que iríamos así que pude preguntarle a mis padres y, a pesar de que el viernes tendría que repetirles la petición, ese primer aviso fue bastante positivo, ya que no me vieron con preocupación ni con esa cara que siempre me hace pensar que lo que les pido es una molestia.

El viernes, en la tercera clase del día que era sobre literatura de nuestro país, la profesora nos dividió en equipos de cinco por número de lista para un trabajo en el que deberíamos leer una de las tres obras posibles y hacer un resumen en forma de historieta, obra de teatro o mapa conceptual. Curiosamente, de los siete equipos posibles, quedamos: Lila con Valeria, Tom con Marco, y Cristal conmigo, además de los otros tres compañeros en cada equipo.

La maestra nos dio los últimos diez minutos de la clase para juntarnos con nuestros compañeros de equipo y comenzar a ponernos de acuerdo sobre lo que haríamos. En nuestro equipo se encontraban dos de las amigas de Cristal y un chico de otro grupo de amigos que no sobresalía mucho. Al juntarnos el chico se concentró en su celular, las amigas de Cristal la distrajeron con algunas fotos o cosas en sus cuadernos.

—¿Y bien? ¿Cuál elegiremos? —El otro chico bajó su teléfono para vernos, tenía una expresión un tanto fastidiada aunque siempre me pareció que era su aspecto normal. Las amigas de Cristal se encogieron de hombros.

—Yo creo que debería ser la tercera, es la más fácil y corta de las tres, creo. —Me molestaba ser el centro de atención, aunque sólo fueran cuatro personas, lo que me orillaba a evitar los ojos de los demás al hablar, sólo que en esa ocasión me tranquilizó estar con Cristal de alguna manera—. Sólo he leído esa tercera así que… sé que no está mal.

—Esa entonces. —El chico se acomodó en su silla.

—Deberíamos hacer la obra —sugirió una de las chicas mientras la otra se mostraba interesada en la sugerencia—. Dijo que sólo era de una escena, así que tú que ya la leíste podrías decirnos cuál es la más sencilla, la leemos y la hacemos y ya.

—No es una mala idea, considerando lo difícil y elaborado que es el mapa. —Comencé a creer que mi temor por la obra fuera hacerse realidad— Pero creo que la historieta no está mal tampoco, además de que en internet debe haber resúmenes.

—Lo bueno del cómic es que no debe ser tan elaborado.—Cristal me robó la idea junto a mi cuaderno y lápiz, ya que era el único que tenía eso en mi mesa—. Pueden ser dibujos tan simples como esto.

Dibujó recargada en mi pupitre, fueron personitas de un diseño simple junto a unas con la apariencia más caricaturesca aunque sencilla. Estando de acuerdo, el otro chico aportó su propia idea del diseño de personajes en otra parte de mi hoja.

—Hagamos esto democrático. —La otra amiga de Cristal vio al chico para preguntarle lo que quería, este votó por el cómic al igual que yo—. Y nosotras somos tres así que…

—No, yo también voto por la historieta. —La vieron un tanto sorprendidas de que no opinara lo mismo que ella, o tal vez de que simplemente opinara—. No me gusta estar frente al grupo… lo siento.

—Bien… entonces usemos el fin de semana para conseguir el libro y en una semana leerlo. —Decidí intervenir aunque no sabía si ellas estarían molestas o no.

—Dos semanas, no leo tan rápido.

Con la respuesta de una de ellas, la profesora nos permitió salir ya, así que ellas y el otro chico se concentraron en recoger sus cosas para por fin irse. Cristal se me acercó más cuando estaba cerrando mi libreta.

—Perdona el rayón, fue lo primero que vi.

—Está bien, a Tom también le gusta dibujar en esa parte. —Saqué mi cuaderno de nuevo para mostrarle los garabatos que me hacía cuando estaba aburrido en clase y se acordaba que estaba a su lado.

—Sólo son caras. —Cristal se rió cubriendo su boca aunque la alegría se veía sincera— ¿Es una niña o qué?

—Oye, no todos tenemos el don para el dibujo. —Notar que nos había escuchado me hizo reír más de lo que el comentario de ella había logrado, hasta que la llamada de las amigas de Cristal nos interrumpió.

—Cristi ¿recuerdas que íbamos a salir después de clase?

—Oh no, lo olvidé por completo. —Se golpeó la frente sin mucha fuerza— Lo siento chicas, no podré esta vez.

Sus amigas se fueron sin mostrar mayor interés porque ella no fuera, al igual que Cristal lució tranquila. Al final Tom y yo nos fuimos con nuestros amigos, pensé que estaría mal dejarla sola hasta que Valeria se me adelantó para pedirle que se fuera con ella ya que de sus amigas sólo una tomaba el mismo transporte. Según lo que me dijo después.


En mi casa, ya en la noche, cuando les recordé que el siguiente día saldría, de nuevo se mostraron neutrales. Aún sentía sospechoso que no se manifestara su preocupación o molestia porque les pidiera permiso, únicamente el chat de Valeria me ayudó a dejar de darle tantas vueltas a ese suceso pues ella nos contactó para recordarnos la hora y el lugar para el siguiente día. Luego de eso bromeamos un poco hasta las diez. 

martes, 5 de septiembre de 2017

Valeria

Tal vez sea una de las pocas personas que de verdad quisiera regresar a los tiempos de preparatoria donde toda la vida era más sencilla a pesar de que aún no podíamos ser adultos. Tuve varios amigos que me hicieron los días divertidos, aunque sólo cinco de ellos hicieron de mis días horas inolvidables, me dieron las mejores de las alegrías cuando lo único que deseaba era ser mayor e independiente.

Recuerdo que estábamos atorados con los últimos dos problemas del examen de casa, ni siquiera Lila parecía poder encontrar la respuesta a estos y el tiempo se nos terminaba. La propuesta de Cristal fue algo que ya había estado pensando aunque me alivió que fuera ella quien lo dijera porque así podría dar aparte mi ayuda con mi amiga de otro grupo.

Que hubiese aceptado ayudarnos me ayudó a olvidarme un poco de la molestia que sentía porque mis padres fueran hasta la escuela por mí. Es cierto que ya era tarde, pero no vivíamos tan lejos como para que tuvieran que preocuparse tanto, además de que vivía hacia donde Lila vivía así que podíamos ir juntas sin que fuera tan peligroso; sin embargo ellos nunca querían dejarme correr ese tipo de riesgos.

No podía odiarlos por eso, sabía muy bien que lo hacían sin malas intenciones, que sólo querían protegerme aunque ya tuviera dieciséis años. Por eso quería ser mayor pronto, para dejar de ser la carga que me creía ser y poder hacer mis cosas sin tener que estar pensando que mis padres ya me esperaban, que debía avisarles dónde estaba cada diez minutos y con quién. La mayor parte del tiempo era embarazoso hacerlo, me sentía tan mal cuando mis amigas los veían ya esperándome o mandándome mensajes, aun cuando lograba hacerme la tonta con otras cosas para que lo olvidaran.

Al menos no me exigían tanto al estudiar pues nunca me consideré muy brillante ni aplicada así que sólo intentaba cuanto podía para que los permisos no se me negaran, en caso de que pensaran hacerlo.
 
Esperé a que fueran las nueve para agregar los números que me habían pasado, no me llevó más de cinco minutos por lo que antes de hablarles me quedé viendo sus imágenes. Cristal tenía una foto con sus amigas, las cuales no me agradaban mucho por su forma de ser tan creída, lo que era diferente con Cristal por su timidez y modestia; en esa foto ella se veía con una sonrisa más honesta que las de ellas, por eso era que se veía más bonita. Tomás también tenía una foto suya aunque estaba con su perro, o el que yo creía que era suyo, lo abrazaba con un brazo mientras el perro parecía sonreír con su lengua de fuera.

Lila aún tenía la imagen predeterminada que ponen al instalar el chat. Marco tenía la imagen de una banda de rock, o eso me pareció, lo que no era muy diferente a lo que imaginaba de él. Iván tenía una imagen que tuve que ver por un tiempo algo más largo para encontrar que se trataba de un paisaje hecho digitalmente, al verlo mejor noté lo hermoso que era así que me imaginé que lo habría sacado de algún juego o algo similar.

Valei: >>Hola, soy yo Valeria. Mi amiga aceptó ayudar. Hablará con la maestra Estela y nos dejará preguntarle lo que necesitamos.
Cristy:>>Oh bien, así podremos terminar pronto.
Iván: >>Sino es que nos descubren y terminamos peor que los que no harán ese examen…
Tom: >>¿Empezamos otra vez?
Valei:>>Apostemos. Decide qué.
Marco: >>¿Nosotros podemos apostar también?
Tom: >>Apoyo eso. Para ver quién tiene la razón.
Iván: >>Apostaremos calificación ¿no es suficiente?
Cristy: >>No seas así, pon emoción.
Lila: >>Yo apuesto a que si nos descubren, que la culpa sea sobre Valeria.
Tom: >>Técnicamente Cristal dio la idea.
Valei: >>Ya sé! Si nos atrapan Cristi y yo invitamos el cine o la comida o lo que sea. Si no, Lila e Iván… Pues también, invitan.
Marco: >>Me parece justo.
Tom: >> Igual a mí.
Iván: >>Sólo porque no tienen nada qué perder.
Lila: >>Ya veremos si de verdad no pierden nada.

La conversación que creí que duraría cinco minutos terminó siendo de hora y media donde no hablamos de nada sobre nuestras vidas, sólo seguimos la broma de nuestra apuesta pareciendo que no éramos un grupo de seis chicos recién conociéndose.

No había sido mi principal objetivo cuando pedí sus números a pesar de que sabía bien cómo la gente cambiaba cuando hablaba desde un chat a como era cuando hablaban en persona, lo que yo había querido era sólo facilitar nuestra comunicación fuera de la escuela, en cambio el desarrollo que se dio sólo me hizo desear que ese trabajo durara un poco más.


Al final de nuestro día de clases les pedí que me esperaran en la zona donde el cubículo de la profesora se encontraba mientras iba por mi amiga quien ya estaba saliendo, las chicas con las que se juntaba también eran mis amigas y querían acompañarnos hasta que las convencí de que no tardaría en dejar que se regresara con ellas.

—¿Y quién está en tu equipo? ¿Gina y ellas?

—Oh no, fue un equipo… que, se puede decir, lo eligió el profesor. —Sentí que se extrañaría si veía a los chicos de mi equipo, lo mismo que sentí con el resto de nuestras amigas—. Somos algo variado así que no te rías.

Aun sabiendo que no lo haría, se lo dije antes de distraerla con una plática más simple sobre cómo le estaba yendo ese año. Con la profesora ella entró primero para explicarle que éramos alumnos del maestro Roberto, lo que provocó en ella una muñeca instantánea que me llevó a golpear suavemente con mi codo a Iván para que se fuera haciendo a la idea de su apuesta perdida.

—A ver, déjenme ver cómo han respondido los problemas anteriores. —Cristal le pasó la hoja de nuestras respuestas después de que hubiera leído los problemas, los seis nos quedamos en silencio hasta que nos vio con una sonrisa amable—. Vaya que lo han hecho bien, si fuera su maestra y me entregaran sólo esos ocho, les pondría un diez sin dudarlo.

—Qué alivio, no podía dejar de pensar que algo había mal. —Tomás suspiró, los demás nos reímos de su comentario al sentir el mismo alivio.

—Pero no se pueden relajar aún, estos últimos dos son bastante ambiguos. —Se inclinó sobre su escritorio con la parte posterior de la hoja de los problemas lista para garabatear su explicación mientras los seis nos pegábamos los unos a los otros para poder ver todo.

Como lo habíamos planeado, nos explicó qué y cómo buscar sin darnos la respuesta real, lo cual nos dejó muy conformes. Al dejar su cubículo, después de agradecerle y cerciorarnos de que no le diría a nadie de nuestra trampa, nos quedamos en las jardineras más cercanas para comprobar lo que ya habíamos discutido y de cómo Cristal había sido quien había tenido la idea más cercana a lo que debíamos hacer.

Nos fuimos a las tres, el ambiente entre nosotros parecía aligerarse cada vez más. En esos días pensé que sólo yo quería que ese trabajo durara más, por eso hoy me alegro de saber que el sentimiento era mutuo.

El viernes ya era nuestro último día puesto que nuestro examen debía ser entregado ese mismo día hasta las cuatro, que era la hora límite. En cuanto nuestra última clase terminó, los seis fuimos rápido hacia la misma mesa en la biblioteca, en el camino los tres chicos habían tomado los libros en lo que nosotras preparábamos las hojas y sillas.

De nuevo no hablamos de nada que no fuera ese trabajo infernal en el que nos habíamos metido, las ideas fluyeron más rápido que con las primeras ocho pues teníamos aún la explicación de la maestra en mente y por lo que habíamos ya hablado así que en una hora terminamos.

Mientras Iván y Lila daban una revisión final, Cristal, Tomás y yo saltamos de nuestras sillas con los brazos hacia arriba, sólo la advertencia de Marco nos impidió gritar de verdad por la alegría de haber terminado a tiempo. Dejamos la biblioteca a las tres diez, caminamos hacia el salón donde encontraríamos a nuestro profesor sin dejar de platicar sobre nuestra victoria ya que la calificación no nos preocupaba por lo que la maestra nos había dicho.

Con su sonrisa tan extraña, el maestro aceptó nuestros problemas felicitándonos por hacerlo a tiempo y completo, se despidió deseándonos un buen fin de semana y regresó a su clase. Los seis nos quedamos en el mismo lugar viéndonos sin decir nada.

—Y pues terminamos… y todo salió bien. —Fue lo único que se me ocurrió que podría decir sin parecer tan sentimental como esperaba.

—Ya después veremos si fue útil el sacrificio… —Marco se encogió de hombros, tal como parecía ser su costumbre.

—Creo que falta pagar la apuesta. —Fue clara la timidez de Iván al decirlo, Tomás le sonrió para alentarlo—. Estoy dispuesto a pagar cuando digan.

—Supongo que yo igual, si es cine… de preferencia.


Al final acordamos usar el pago de esa apuesta cuando nos dieran los resultados del examen de casa y así poder celebrar si de verdad resultaba haber sido un sacrificio grato. Esa promesa nos permitió no despedirnos completamente de la unión que habíamos formado. 

martes, 29 de agosto de 2017

Marco

No hay día en que no me pregunte cómo habría sido mi vida si ese extraño evento en segundo de preparatoria no hubiera ocurrido. Seguramente habría terminado en la peor forma, no tendría trabajo ni un futuro, habría hecho enojar tanto a mis padres que me habrían corrido o algo. También me pone de mal humor pensar en ello porque me recuerda la forma en que llegué a conocer a esos cinco chicos que antes nunca habría imaginado en hablarles.

El día anterior estuve toda la tarde con mis amigos, recuerdo que fuimos a beber y después en la casa de uno de ellos estuvimos fumando marihuana. En mí eso era lo normal, si bien nunca me ponía al grado de perderme y olvidarme por completo de todo lo que odiaba, sí solía perder horas de clase o como excusa para evitar llegar temprano a casa, como ese día.

Llegué a mi casa pasadas de las once, estaba por usar mis llaves en la puerta cuando escuché a mi madre discutiendo con mi padre, lo que siempre terminaba con él haciéndola callar para que después se desquitara con alguno de mis hermanos o conmigo así que me metí por la ventana de mi cuarto. Dejando mi puerta cerrada, me tiré en el piso pues la cabeza aún la sentía ligera por la droga y el alcohol; cuando me pareció oír el grito final de mi padre, tomé el primer libro que encontré bajo mi cama y traté de distraerme con las imágenes en él cuando hallé un tema que de alguna forma llamó mi atención.

Desperté tarde, podía llegar a la segunda clase sin embargo mis amigos me convencieron de entrar hasta la tercera para terminarnos lo que el día anterior sobró. En esa tercera teníamos examen, ya no recuerdo qué materia era o de qué fue el examen, sólo sé que lo resolví a medias sin entender nada de lo que respondía.

En la cuarta clase me di cuenta de que lo que había leído era lo que el profesor había pedido, mi mente no estaba tan centrada así que cuando escuchaba las preguntas, y yo me sabía las respuestas, muy tarde reaccionaba para levantar la mano. La única vez en que pude hacerlo fue, sin que me diera cuenta, cuando preguntó quiénes habían leído.

Sentí mi mente despejada cuando el profesor llevaba la mitad de la explicación del tema, hasta ese momento noté que mis amigos no estaban y que sólo había otros cinco de los que no conocía sus nombres, incluso un par de ellas ni recordaba que fueran en mi mismo grupo. Al final de la clase, cuando una de ellos tomó la iniciativa, supe de inmediato que no me interesaba nada de eso y que ellos sabían que no lo haría. Lo que ellos pensaran era la menor de mis preocupaciones pues después no los volvería a ver en la vida.

El resto de ese día, el viernes y el sábado seguramente fueron tal cual los pasados pues poco los recuerdo. Sólo sé que el viernes me puse a pensar en cómo creía que mi hermano mayor terminaría en la cárcel o muerto si seguía con la banda que estaba y que cada día parecían caer más en las malas influencias del barrio vecino; y en cómo mi hermana menor, teniendo ya trece años, no estaba lejos de terminar embarazada, lo que provocaría que mis padres la corrieran de la casa. Al final ninguno de ellos dos ya pasaba tiempo ahí, yo casi siempre era quien más temprano llegaba y creo que el que menos faltas tenía en la escuela.

El domingo me fui temprano de con mis amigos porque ya no tenía dinero para comprar comida, eran la seis mientras iba en el transporte sintiendo los efectos del alcohol comenzar a disiparse. Al llegar a casa sólo vi encendida la luz del comedor sin ruido, entré esperando que mi madre se encontrara en la sala dormida frente a la televisión o en su cuarto, en cambio estaba en la mesa del comedor con varias botellas vacías de cerveza y una de tequila a la mitad.

Caminé esperando hacer lo menos posible de ruido, mi hambre tendría que esperar pues ya la escuchaba quejándose de que sólo a eso iba a casa o cosas similares. Estando casi frente a mi habitación comencé a escuchar a mi madre hablar arrastrando las palabras.

—Por eso. —Me detuve en seco, mi primer pensamiento fue que me había escuchado, sin embargo al no entender su expresión, supe que no me hablaba a mí, sólo hablaba con ella misma—Ya lo veo, Javier llegará alto con lo esforzado y fuerte que es, tendrá su negocio y gente trabajando para él, mantendrá una familia y todo será bueno para él aunque no haya terminado la preparatoria. Para muchos es así.

>>Lizbeth… yo sé que ella será una madre fantástica, es muy guapa así que no tardará en encontrar un marido mejor que su padre, será ama de casa y no tendrá mayores preocupaciones que sus hijos… Me pregunto si me dejará conocerlos. —Por ocasiones pasadas sabía que mi madre era del tipo de borracho que disfrutaba de hablar, a veces era sincera y otras veces incoherente. Hasta la fecha no he descubierto si en eso que dijo había verdades o deseos, y era de lo que más odiaba recordar.

>>Y Marco… ¿qué hace él? Nada, creo. Tiene la cara y la personalidad de su padre, estoy segura de que se matará por meterse de todo, o tal vez se contagie de algo incurable. No le veo futuro ni carácter.—Al escucharla sentí un nudo en mi garganta al mismo tiempo en que un calor recorría mi cuerpo, apreté con fuerza la manija de mi puerta—. Tal vez se vuelva un inútil como su padre, tal vez ya lo es, no es tan inteligente de todas formas.

Dentro de mi habitación caminé de un lado a otro pateando cosas, apretando mis puños y murmurando maldiciones. Nunca antes había odiado a mis padres, me enojaba que uno fuera un adicto al trabajo y al alcohol, y la otra una persona que no quería hijos ni estaba conforme con su vida. Ni siquiera los odié por la poca atención que nos prestaban, por cómo mi padre le pegaba a nuestra madre para que ella nos atormentara a nosotros tratando de sanar su orgullo aunque lo hiciera bajo la fachada de querer criar a sus tres hijos como unos adultos excepcionales.

Nunca eso me afectó hasta que me hizo notar que ella estaba tan ciega como él. Con eso que la escuché decir me demostró que todo lo que yo había tratado de hacer para que todos los regaños y golpes que me dio valieran la pena, creyendo que no era una persona tan perdida, no fueron más que mis ilusiones. Casi pude jurar que para ella yo no era más que una molestia.

Terminé en el suelo con las manos en la cabeza, quería salirme de ese sitio y no volver más como parecía que mi hermano ya había hecho, pensé en empezar una mala vida como la que ella creía que tendría para que se sintiera mal si era realidad, no obstante algo no me lo permitía. Tal vez nunca sepa si fue miedo, deseo o algo que no sé nombrar, sólo recuerdo haberme decidido en tomar mis libros e intentar ser lo contrario a lo que pensaba, hacerla sentir mal por pensar así de mí cuando era el único al que le interesaba su futuro.

Por eso respondí los problemas; sin importar lo poco que solía prestar de atención a las clases, el tema no fue tan difícil por lo poco que había leído y lo que había alcanzado a escuchar del profesor.


La primera tarde con los cinco fue menos aburrida de lo que creí que sería a pesar de que no hablamos pues ninguno de nosotros parecía tener algo en común con el resto, además de que dos de ellos parecían ser inteligentes aunque a Lila se le notaba más que a Iván pues él parecía tan carente de interés como yo.

En la segunda el ambiente fue más ligero ya que nos fuimos acostumbrando a estar juntos apesar de que no hablábamos de nada que no fuera el dichoso examen de casa. Lo que ese día me hizo recordar que me encontraba con personas diferentes fue el ver como todos se apresuraban por irse ya que dieron las seis, todos luciendo más preocupados que cuando fueron las cuatro en la vez anterior.

—¿Tendrás problemas en tu casa por ser tan tarde? —La chica más pequeña entre las tres de nuestro equipo, Cristal, parecía que siempre tomaba su distancia de mí y evitaba contacto visual; no sabía si lo hacía por timidez o por que me tenía miedo, así que traté de calmarla ya que estábamos solos esperando nuestros transportes.

—Supongo… —Sin verla directamente noté la forma en que apretaba entre sus manos las correas de su mochila, me imaginaba que no quería que le siguiera hablando pero a mí me molestaba ese silencio incómodo y no podía encender un cigarro con ella a mi lado.

—¿Vives muy lejos de aquí?

—No… —Me di por vencido, no sabía qué más preguntar o hacer, sólo pensé que si mis amigos estuvieran en mi lugar o ahí, ya la estarían molestando para que hablara más y, en esos momentos, imaginaba que no era lo correcto—. Bueno sí… —Me sorprendió que siguiera hablando, su voz sonaba menos baja y tímida—. Mi papá me espera a la mitad del camino…

—Ya veo. —De su mochila sacó unas frituras a la mitad y me ofreció, quería negarme pero no quería hacer que perdiera la confianza así que tomé una agradeciendo—. ¿Quieres que te acompañe? Ya está oscuro.

—N-no, no tienes qué hacerlo. —La luz no era muy intensa aunque me pareció verla sonrojarse, antes de que respondiera llegó el camión así que los dos tuvimos que subirnos, lo que no calmó su nerviosismo.


Bajó sola, me despedí de ella y me seguí hacia mi casa, sólo para quedarme en el parque más cercano a esta para no tener que llegar tan temprano mientras aprovechaba para leer de lo que ya me había perdido de otras clases gracias al par de cuadernos que Iván me había prestado ese día. 

miércoles, 23 de agosto de 2017

Lila

Desde que el profesor nos había hablado de ese examen en equipo mi primer pensamiento fue que, como siempre, terminaría siendo yo quien hiciera la mayor parte mientras el resto del equipo hacía lo mínimo. Para ese tiempo yo ya estaba más que acostumbrada a eso, desde la secundaria me había pasado una y otra vez sin importar quiénes fueran mis compañeros o de qué fuera el trabajo, nunca nadie quería esforzarse, nadie quería ser responsable del liderazgo sabiendo que si se fallaba sería su culpa, y nadie sabía hacer un buen trabajo en equipo. 

Consciente de que nadie cambiaría, dejó de importarme el resto o lo que pensaran. Yo era inteligente, yo notaba las flaquezas en cuanto a esos trabajos, ninguno de ellos lo podía entender así que sólo quedaba una cosa: congelar mis emociones, tomar mi distancia y trabajar como sabía hacerlo, ya sin tomar en cuenta quién de los que se beneficiaba no lo merecía. 

Estar sola se había vuelto constante, quien se me acercaba lo hacía con interés, quien se alejaba y criticaba lo hacía por envidia. Siendo sincera, llegué a pensar que la preparatoria podría ser un nuevo inicio, en el fondo de mí encontraba el deseo de conocer gente que me aceptara y no me usara, gente que tal vez me comprendiera. En los primeros seis meses noté que sólo habían sido falsas ilusiones, deseos muertos. 

No obstante hubo alguien que llamó mi atención en esos primeros días, era el nombre incompleto en un rumor sin fuerza. Decían que en nuestra generación había entrado un chico que en el examen de admisión había obtenido un puntaje de ciento veinticinco de ciento veintiocho aciertos posibles, me desanimó saber que no estaba en mi misma clase y que era difícil encontrarlo por la falta de la noticia completa. 

Hasta después de un mes escuché a un compañero hablando con sus amigos sobre esa persona que buscaba, él había conocido a ese chico en la secundaria así que sabía que era inteligente, callado y antisocial; sabía en qué grupo estaba así que los seguí discretamente cuando fueron para enseñárselos. Físicamente era un chico normal, ni guapo ni feo, se encontraba con algunos chicos aunque parecía más incomodo que nada y por eso se mantenía en silencio. Quise hablarle, imaginé que compartía mi mismo sentir, sin embargo nunca me atreví a hacerlo. 

El siguiente año me sorprendí genuinamente de verlo en el mismo salón aunque a simple vista noté que algo había cambiado a pesar de que no tendría razones suficientes para justificarlo. Bastaron dos meses para ver que no era tan tímido como me había parecido la primera vez pues ahora se juntaba con otros seis chicos junto a los que reía y platicaba sin problemas. Podría no hablar mucho, mas no se veía incómodo entre ellos. 

Lo que terminó con mis expectativas y confirmó el cambio en él fueron las calificaciones de los primeros exámenes, no eran mayores de siete exceptuando en la clase de inglés donde había obtenido nueve aunque en cada clase se la pasaba distraído, no participaba a menos que lo obligaran y parecía no caerle muy bien la profesora. 

Ya no era nada del chico que había llamado mi atención, muchas veces dudé en que el otro compañero se hubiera equivocado, sin embargo en momentos se veía regresar a ese chico que antes podía haber sido al demostrar momentos en que parecía ignorar las pláticas de sus amigos manteniéndose en silencio con la vista viendo más allá de ellos o cuando los profesores le hacían preguntas que siempre podía responder acertadamente, además de que una de las chicas con las que me juntaba me confirmaron que él había sido el del mejor puntaje pues ella había escuchado de sus profesores mencionarlo el primer año. 

Al final de esos dos meses decidí olvidarme de ellos para volver a mi propio mundo hasta que ese trabajo en equipo me despertó de nuevo al verlo como parte de él. Muchas veces me dije a mi misma que no tuviera esperanzas de que con él todo fuera a ser más fácil, por eso me sorprendió saber que las respuestas de él estaban casi tan bien desarrolladas como las mías, al igual que las de Marco quien había respondido un par más que él. 

En todos los años en que me quejé de ese tipo de trabajos, esa fue la primera vez en que no sentí que perdí horas haciendo un trabajo solitario, a pesar de que hacíamos cada quien cosas diferentes, no se sentía como si no ayudáramos al trabajo final, cada quien aportaba lo que podía sin ser menos o más, al menos en los primeros cuatro problemas que todos pudimos responder pues no podía dejar de pensar que podría ser diferente con los siguientes que sólo nosotros tres respondimos. 

Pensaba que Cristal, Valeria y Tomás se harían los desentendidos, que llegarían con la excusa de que de nuevo seguían sin entenderles y que se concentrarían en justificar lo que nosotros hubiéramos resuelto, incluso creía que Marco ya no iría y que Iván tampoco respondería más. 

Debido a eso nuevamente me sorprendieron pues a la misma hora estábamos los seis con cuatro problemas más resueltos y un par que seguíamos sin entender. Pasamos las primeras dos horas justificando lo que teníamos para que ya quedaran completos los primeros ocho, las siguientes dos horas fueron enteramente centradas a intercambiar nuestras ideas sobre los dos que faltaban. 

Poco nos acercamos al resultado cuando dieron las seis, estábamos agotados y hambrientos pues sin que nos diéramos cuenta el cielo había comenzado a oscurecer. Recogiendo con rapidez las cosas, cinco de nosotros salimos a contestar las llamadas perdidas de aquellos que se preocuparon por ser tan tarde. 

—Creo que deberíamos pedir ayuda. —Ante la inesperada propuesta, los cinco nos giramos hacia Cristal quien pareció encogerse al ver la atención puesta sobre ella, sin embargo no se intimidó por completo pues siguió su idea—. Sólo sería preguntar si estamos bien en la forma que lo hacemos o si necesitamos algo más, no que nos dé la respuesta. 
—El profesor nos dijo que lo hiciéramos solos… —Para mi sorpresa, Iván fue quien tuvo que ser el aguafiestas y no yo. 

—No es como si se llevara bien con el resto.—La sugerencia fue dada por quien estaba segura que la daría, Marco sólo se encogió de hombros sabiendo que era lo que se esperaba de él—. Tal vez nadie le diga lo que hicimos. 

—Yo tengo una amiga en el grupo de la profesora Estela, ella no se lleva nada bien con nuestro maestro y es muy accesible. —Valeria sonrió orgullosa de ayudar con el plan. 

Mientras Tomás también se escogía de hombros sin desaprobar la idea, Iván y yo intercambiamos una mirada insegura ya que, supuse, los dos teníamos miedo y desconfianza de las consecuencias si el maestro se enteraba a pesar de que la forma en que ellos explicaban que sería seguro era tan convincente. 

—Hablaré con mi amiga al llegar a casa, así que pásenme sus correos para encontrarlos en Internet. —Sin dejar de hablar, sacó una pequeña libreta y una pluma para que anotáramos lo que pedía. 

—Yo… no tengo ningún tipo de red social. —Odiaba esas cosas, a todos los que las tenían los obsesionaba estúpidamente, te hacían perder tiempo y alejarte de los que tenías enfrente y, además, estoy segura de que no tendría con quien perder mi tiempo ahí. Aún así me fastidiaba tener que admitir que no poseía ninguna de esas cosas pues siempre seguía la misma pregunta: ¿por qué no? 

—Oh, está bien, entonces que sean sólo sus números y por mensajes en el chat, así que asegúrate de instalarlo aunque sea sólo para este trabajo ¿sí? 

A cualquier otro que me había sugerido lo mismo, como lo hicieron las chicas con las que me juntaba en el salón, les había negado la petición, sin embargo Valeria no lo decía por obligarme a usar lo popular y por comodidad para ella, sino por todos y por el trabajo así que acepté hacerlo. 

Saliendo, Valeria se encontró con el auto de su familia ya frente a la entrada para recogerla, Marco y Cristal fueron hacia la derecha para llegar a la estación de sus autobuses mientras los otros dos chicos y yo tomábamos el camino a la izquierda por nuestros transportes.

Tal cual la vez anterior, los tres caminamos juntos sin hablar pues Tomás llevaba puestos sus audífonos, Iván parecía un tanto molesto y yo me encerraba en mis pensamientos, como siempre.