miércoles, 16 de noviembre de 2016

Para los miércoles

Mientras termino de adelantar la historia que quiero traerles, me decido si sobrepasaré el miedo de poner mi otra historia que escribí hace varios mese y divago, he decidido traer el Reto de Escritura que hice en otra página ¡aunque! les advierto que fue escrito en inglés y no tengo tiempo flojera para traducirlo. 

El Reto duró un mes, pues era de 30 días, y era como un incentivo para escribir la novela que uno lleva planeando, yo lo hice sólo por gusto y la centré en la historia de Antiguos porque era mi obsesión del momento y es la segunda más cercana a convertirse en novela. Espero lo disfruten, si pueden leer inglés, y me disculpen por no traducirlo~

martes, 1 de noviembre de 2016

1 de noviembre

La fiesta dio inicio, las almas acudieron al llamado de sus seres queridos cuando la hora llegó. A pesar de que podían regresar al mundo terrenal, no tenían un cuerpo que los vivos pudieran percibir y, sin embargo, era el significado de la tradición lo que les permitía reunirse con ellos como si los pudieran ver.

Siendo quien era, no sentía nada al contemplarlos partiendo con los rostros brillantes de alegría y expectación aunque un parte de ella se sentía satisfecha. Por otro lado, al encontrarse entre aquellos que quedaban solitarios en la zona, la pesadumbre que muchos demostraban se mezclaba con el razonamiento de que pronto no tendrían que esperar más.

Toda alma que llegaba al mundo de los muertos, pasaban por un periodo que no tenía equivalente con el tiempo humano, durante ese lapso se esperaba ver si serían llamados de regreso en dichas celebraciones o si ya no había quién los buscara más. Esa espera les brindaba un descanso a las almas antes de enfrentarse de nuevo al mundo de los vivos donde podrían variar entre especies pues los animales y las plantas también llevaban un espíritu.

Caminando entre aquellos que esperaban, fue que recordó la última plática que había tenido con un alma, lo cual era inusual ya que cuando estos llegaban a su mundo se alejaban de ella como si no la vieran o como si no existiera; se había encontrado con un alma realmente vieja y cansada ya de los cambios, al investigar sobre ella fue que supo de los infortunios por los que ya había pasado, justificando su sentir.

Era a ese tipo de espíritus a quienes se les otorgaba la reencarnación en árboles o plantas de vida larga pues era esta la única forma en que el descanso era más duradero al bloquear por completo sus sentidos como si este se encontraran dormidas. No había mejor solución para esas pobres almas agotadas, no obstante el aumento descontrolado de los humanos y la destrucción de flora y fauna provocaba que la rotación de almas tuviera que acelerarse, que muchos de ellos que dormían se vieran obligados a despertar sin el descanso suficiente.

Su manejo de tantas almas ya no le permitía seguir atentamente el caso de ese espíritu en particular, por lo que sólo le restaba esperar que al regreso de él pudiera detectar su agotamiento y enviarlo al reposo largo, al igual que haría con la señora A en ese momento.


Al finalizar su labor decidió que de nuevo volvería con los vivos, esta vez su objetivo era cerciorarse de que la cantidad de almas que aún se veía obligada a enviar era evidente entre los vivos y, tal vez, encontrar la razón por la que estos iban y venían de una forma tan rápida.

Se paseó con la apariencia de un joven de edad indefinida, desde afuera visitó distintos cementerios, se asomó por ventanas de algunas casas para admirar las ofrendas hechas de formas tan variadas aun siguiendo unas características similares, apreció las chicas, las grandes, las incompletas, las demasiado llenas, las infantiles y las adultas; observó las realizadas en espacios públicos y se dejó cautivar por algunas de las celebraciones aparte donde la música, los disfraces, los alimentos y las proyecciones mantenían a los vivos alegres.

Al atardecer se concentró en los periódicos y la televisión, escuchó las mismas razones que en el pasado habían movilizado las almas con tal velocidad aunque las enfermedades hubieran disminuido en gran manera.

A punto de que el cielo comenzara a oscurecerse, avanzó por la orilla de un río contaminado y con más apariencia artificial. A lo largo de este los humanos se ejercitaban corriendo o caminando, mientras que algunos cuantos lo usaban de desviación sobre sus motos o bicicletas; imitando su falta de atención en el resto de los que usaban ese camino, paseó un poco más hasta que de nuevo alguien captó su atención.

Debido a que era Ella, notó las fluctuaciones en la vitalidad de un humano. Se trataba de una joven, llevaba unos patines en los pies a pesar de que se encontraba recostada sobre el pasto; el clima era ligeramente frío y esa chica no llevaba nada encima más que su camiseta negra por lo que fácilmente se veía las consecuencias de la baja temperatura al hacerse más evidente sus venas.

—¿Estás bien? —No estaba segura si las fluctuaciones en su vitalidad se debían al frío que sentía, a alguna enfermedad o algo más; sin embargo lo que la llevaba a interaccionar con ella era una razón más profunda.

—¿Qué? ¡Ah sí, lo siento! —Sorprendida abrió los ojos y se quitó uno de los audífonos que llevaba mientras veía al joven que se le había acercado, al inicio pareció temerosa hasta cambiar lentamente a la desconfianza. Hizo el ademán de levantarse, mas su acción se vio interrumpida al sentarse aún viéndolo—. ¿Te puedo ayudar en algo?

 —No lo sé. —Permaneció de pie frente a la chica, la gente que pasaba seguía ignorándolos—. ¿Cuál es tu nombre? —Claramente notó cuando la humana enarcó una ceja, unos segundos antes de que la seriedad volviera a ella mientras apagaba la música de su reproductor.

—Nelli. —Tras unos segundos de duda, la respuesta que dio fue verdadera. Estando en el mundo de los vivos, no podía obtener la información de las almas por leyes más poderosas que ella misma, por eso debía preguntar los nombres y esperar a que regresara a su hogar—. ¿Has venido por mí o algo así?

—¿Debería?

—Te estaría infinitamente agradecida, pero… ¿podrías esperar? —Se dejó caer de nuevo, así que él se sentó a su lado, recordando la última conversación—. Queda menos de un año, hay un sueño que debo cumplir… sólo así no me sentiré tan culpable por lo que dejaré.

—Yo no me llevo a nadie, yo sólo espero a que lleguen.

—Tiene lógica —Colocando los brazos detrás de la nuca, la joven observó el suave movimiento de las ramas y hojas del árbol que tenía sobre de ella—. ¿Puedo hacer una pregunta?

—Los humanos siempre las tienen, las respuestas son las que difícilmente consiguen por mucho que busquen.

—La curiosidad nos ha llevado hasta aquí, de alguna forma —Se encogió de hombros, al decirlo había hecho una expresión de enojo o desagrado, Ella no estaba segura de la razón—. ¿No se pueden desechar las almas? No sé si haya tantas para todos los seres vivos pero ¿qué pasa con las almas que han provocado mucho daño?

—Se reinician las almas, de lo poco que pueden conservar para ir a la nueva vida, esto queda eliminado para que su carácter se vuelva a formar.

Nelli no habló más, en silencio se quedó al lado de Ella haciéndola que se preguntara si estaría pensando en lo que había cuestionado o en algo más, no estaba segura aunque le parecía verla más tranquila. El sol dejó de percibirse cuando la joven se levantó, en esta ocasión también lo hizo Ella sabiendo que era tiempo de dar la última vista de la temporada.

—Esta vez no puedes darme nada que me convenza de lo contrario —Nelli bebió un poco del agua de la botella que llevaba en su bolsa—. Ya no creo soportar más regresos, ya estoy cansada de la felicidad y del dolor. La vida ya me aburre.

Conforme la figura de la joven se iba volviendo más borrosa por la distancia, notó como las fluctuaciones volvían dentro de ella, lo que era el único indicio de que ya no era solamente un alma, sino que era el alma de Nelli.


Esta vez su prioridad al regresar fue la búsqueda de la información de esa alma, primero para asegurarse que, efectivamente, se trataba de la misma que anteriormente había llevado el nombre de Toctli; y después prevenirse de lo que vería cuando Nelli regresara a ese mundo fuera en el tiempo que le dijo que le quedaba o antes.

Aprovechando el adelgazamiento de la brecha entre los vivos y los muertos, se quedó pendiente del tiempo humano. Debido a eso pudo notar cuando los niños regresaban de su viaje del primero de noviembre, para dar paso a los adultos en el segundo de noviembre.


Once meses humanos transcurrieron, nuevas almas llegaron y se fueron durante ese tiempo hasta que llegó la de la joven N. La Muerte se había mantenido ocupada por el incremento de muertes en esa región, sin embargo detuvo todas sus actividades en el momento en que esa alma de apariencia desgastada, movimientos lentos y melancólica llegó a instalarse en el rincón donde esperaría su siguiente cambio.

—Ellos me llamarán de regreso esta vez... —N se giró a ver a La Muerte cuando esta se plantó frente a ella, a sus ojos era de nuevo el joven con el que había hablado a las orillas del canal por lo que frunció el ceño confundida—. ¿No es mujer?

—No tengo, siquiera, un cuerpo; son ustedes quienes dan una imagen tanto a mí como a este lugar según sus creencias —Le ofreció la mano para levantarse, N lo hizo ya sin temor ni confusión pues su memoria sobre aquella conversación volvió completa a ella—. Tú dejaste de creer en el cielo o el infierno, así que por eso ves este lugar como un espacio gris y cavernoso, podrías haber ignorado mi presencia todo el tiempo de espera para el siguiente cambio, sin embargo el haberme visto ya dos veces te dio la posibilidad de verme aquí.

—Este sitio es muy complaciente —Caminaron con lentitud, el alma vieja observaba a otros espíritus en sus tiempos de inactividad, notaba a algunos más centrados en sus imágenes del mundo donde se encontraban que otros quienes llegaban a mostrarse aburridos.

Su andar se detuvo frente a dos puertas de aparente mármol, eran de un color negro con líneas doradas adornándolas. La Muerte abrió una de ellas para dejarla pasar primero a una sala circular que tenía un par de estrados que bordeaban dos puertas de apariencia completamente similar. Llevó a la joven N a ocupar el centro del lugar en lo que ella se colocaba detrás de uno de los estrados, el segundo lo ocupó una sombra de aspecto humanoide que provocó un escalofrío en la joven por lo vació que ese ser parecía.

—El alma, cuyo último nombre ha sido Nelli, ha reencarnado un total de 2793 veces siendo parte de las almas del segundo periodo. Ha recorrido una vida completa un total de 956 veces, en 987 ocasiones ha muerto por acción de un tercero y 850 veces ha sido por acción propia. —Los datos nombrados por el ente humanoide hicieron a N sentirse más cansada de lo que creía haber estado, incluso se sintió incómoda por no estar segura de que hubiera hecho eso tantas veces—. El veredicto obtenido de las almas que la han conocido fue a su favor.

—El mío es en contra —La respuesta de La Muerte la confundió—. Quitarse la vida es la peor de las ofensas, aún si más de la mitad de tu conteo sean accidentales, el que haya tantas por simple aburrimiento es agraviante, además de que hay muchas entre las de terceros que fueron también por tu propia decisión —Los ojos del joven que la representaba, la observaron con severidad, por unos segundos se sintió arrepentida al recordar a los que había dejado atrás pues se había portado como una desagradecida.

>>Por eso es que el alma N deberá pasar por el tiempo de espera, regresando al llamado de cada dos de noviembre con la familia que ha hecho sufrir; al término del último llamado se le otorgará el descanso en flora de vida larga nuevamente —N sintió el dolor en su pecho por la desesperación y tristeza que tendría que seguir soportando, sabía que la decisión estaba justificada y era lo correcto por su egoísmo, no obstante la decepción era tan abrumadora como siempre—. Al final de esa vida será que se dividirá y reiniciará el alma.

Todos los sentimientos en N se calmaron, podía no conocer el método que utilizarían o el tiempo que debería esperar, mas estaba segura de que esa sería la solución a su falta de motivación. Sería esa la única forma en que por fin podría descansar de verdad y esperar a que sus ilusiones por la nueva vida volvieran.


La Muerte es segura y justa ¿no es cierto?

lunes, 31 de octubre de 2016

31 de octubre

Con un suave clamor a su alrededor, notó que aquella época había por fin llegado a esa zona pues la mayoría de los que ahí residían se volvían más activos y emotivos, uno que otro temeroso, mientras las llamadas incrementaban y la calidez comenzaba a colorear aquel sitio monocromático y silencioso.

El tiempo no existía en ese lugar hasta que esa temporada se acercaba. Fuera febrero, marzo, junio, julio, agosto o noviembre, y los llamados variaran, aquellos que lo esperaban se emocionaban por el regalo que se les había hecho desde tiempos en que la oscuridad aún gobernaba las vidas de los humanos. ¿Qué alma no se alegraría por la oportunidad de ver a aquellos que se les había arrebatado?

Ahí estaba la señora H rezando porque pudiera conocer a sus nietos, por el otro lado el señor S y el señor P no paraban de hablar de lo emocionados que estaban porque sus familias podían unirse de nuevo en esa celebración, en otro espacio las señoras H, T, R y C reían por las anécdotas que ese día querían contar sobre sus familias pues la felicidad por verlas las hacía hablar todo lo que no habían hecho antes.

Los señores F y J hacían de lado su seriedad para recordar las similitudes que tenían entre ellos por lo que habían dejado atrás. Hablaban del dolor que sentían por no poder abrazar más a los que amaban, por no poder darles más ayuda que sus limitadas apariciones en sueños, por no ser capaces de desaparecer el arrepentimiento, la pena y las penurias de sus seres queridos más importantes. Al volver, la señora M les habló de la dicha que sentía porque en poco tiempo ascenderían a verlos, a darles la fuerza que necesitaran para seguir adelante y las caricias intangibles que tanto extrañaban otorgar.

Como ellos, muchas más almas se animaban. Pasear entre tanta expectación siempre le recordaba el por qué se había hecho ese trato y se mantenía, la ayudaba a despejarse y recuperar su compasión. Decidiendo actualizarse sobre los vivos, subió tomando la apariencia de una joven sencilla.


Pasaba de medio día, el clima otoñal reinaba en todo su esplendor pues la transición a la próxima estación se encontraba cerca. Una brisa fría arremolinó su melena negra junto a su falda mientras comenzaba a caminar. Frente a ella había un mercado sencillo que había sido completamente acaparado por todo lo que los humanos pudieran necesitar para sus altares: velas, flores, papel picado, figuras de migajón, frutos, copal, adornos para todo tipo de gustos, dulces e ingredientes para el festín que muchos cocinarían para las almas cansadas del viaje.

Había mucho ruido, mucha gente y demasiados olores distintivos de ese día por lo que se sintió abrumada al cabo de unos minutos así que se dio la vuelta para irse hacia el parque que adornaba el centro de esa ciudad. El hogar de los vivos había dejado de atraerle desde que estos habían incrementado su odio y temor hacia Ella, además que todo era igual sin importar la época o región.

Lentamente llegó a la parte central del parque donde varios niños correteaban juntos soltando risas estruendosas sobre cosas que no comprendía ni le interesaba hacerlo, algunos adultos los cuidaban mientras platicaban entre ellos o simplemente los veían jugar. Nadie ahí le prestaba atención, justo como lo deseaba, así que continuó su recorrido hasta que sus ojos se toparon con los de un pequeño.

Al detenerse comprobó que la mirada de ese niño sí estaba sobre de ella así que levantó la mano para saludarlo como había visto hacer a otros; él no la veía con miedo, ni con odio, ni con alegría, sólo la veía con curiosidad de la forma en que alguien vería a otra persona si esta se le hiciera ligeramente conocida. Fue hacia él esperando que este se levantara y saliera corriendo o evitara seguir viéndola, sin embargo el niño pareció acomodarse para que ella hiciera lo mismo a su lado.

El menor estaba sobre el pasto, tenía basuras de dulce frente a sus pies descalzos y sucios, sus sandalias se encontraban detrás de él con una apariencia tan desgastada como la del resto de su ropa. Tomó asiento a unos centímetros de él aún sin hablarle mientras que él volvía a jugar con la basura haciendo figuras con ellas.

—¿Cuál es tu nombre?

—Toctli. —Se sorprendió tanto de que le respondiera como que lo hiciera con sinceridad pues estaba segura de que a los niños se les enseñaba a desconfiar de los extraños, cuando cuidaban de estos.

—¿Qué haces aquí solo, Toctli? —El niño se encogió de hombros sin dejar la basura con la que jugaba.

—Mis padres están vendiendo, no querían que estorbara así que vine a aquí.

Sus años conociendo a los humanos, por muy poco que los visitara, le permitieron notar que ese niño era de los que esos seres acostumbraban tener a pesar de sus dificultades económicas y la falta de interés por su descendencia. Toctli no era más que un alma obligada a dejar el reino de los muertos para vivir con padres que si no lo descuidaban, lo maltrataban o lo ocupaban para ganar más dinero que ayudara a la manutención de su indeseada gran familia.

—¿Tú qué haces aquí? —El recorrido de sus pensamientos se detuvo, estaba segura de que ese pequeño no sabría quién era pues nadie a sus cinco años lo entendería, sin embargo algo en su forma de hablar no cuadraba con sus memorias.

—Veo las preparaciones para el primero y segundo —Al cabo de unos segundos más en silencio, Toctli le preguntó la razón por lo que lo hacía—. Para comprobar que esta celebración aún conserva su objetivo.

—Eso parece para algunos —Toctli quitó sus sandalias de detrás del él para dejarse caer sobre el pasto, Ella permaneció en la misma posición, no necesitaba verlo para saber las expresiones que hacía al hablar—. Si yo muriera, sé que ellos no me llamarían de regreso... ¿Eso es malo?

—No, tu alma se liberaría para ocupar un nuevo cuerpo al que sí podrían llamar de regreso cuando te fueras de nuevo. —Ya no estaba hablando con Toctli, por fin se dio cuenta que con quien hablaba era un alma vieja que había pasado ya por muchas reencarnaciones, suficientes para el reconocimiento a pesar del disfraz. Hablar de eso con esa alma no era romper su juramento del silencio pues cuando Ella se fuera, él volvería a ser el mismo niño de antes con sólo un mínima porción de los sentimientos acumulados de esa alma.

—Entonces sí es malo... —Dejó escapar un profundo suspiro a la par de su movimiento para levantarse y calzarse—. Ya no creo soportar más regresos, ya estoy cansado de la felicidad y del dolor. La vida ya me aburre.

El alma caminó para salir del pasto donde se detuvo dándole la espalda hasta que se giró, por el llamado de Ella quien le arrojó una de las basuras, cuando lo capturó, este obtuvo la forma de un dulce de verdad. Sonriéndole de medio lado se despidió.

Conforme caminaba hacia el mercado, notó como Toctli volvía en sí devorando el dulce de un bocado, daba pequeños saltos que agitaban su ya alborotado cabello oscuro y le sonreía a uno de sus hermanos que lo llamaba con la misma felicidad.


El Día de los Muertos estaba cerca, el calor se sentía al igual que la añoranza se incrementaba conforme los lugares se adornaban. La Muerte decidió regresar a su hogar a esperar esos dos días en que le abriría camino a los amados para unas horas entre los vivos.

martes, 16 de agosto de 2016

Ellos vendrán

Acompañando el gris de el cielo, una poca luz restante del día es amenazada con la brisa llena a olor a lluvia; el silencio a mi alrededor únicamente es interrumpido por un ligero zumbido que no logra dispersar la serie de pensamientos que ese día me tiene caminando en dirección opuesta a donde debería encontrarme con todos ellos.

Atravesando el pedazo de naturaleza aún viva al este de nuestra acogedora mansión olvidada, me dirijo hacia el lago que hace tiempo había tranquilizado mis pensamientos junto a los suyos, así como había traído a los nuevos chicos sin mucho tiempo de haber sido creados como los que yo había estado negando.

Ese día no pensaba encontrarme a nadie, sin embargo él me siguió. En silencio caminó pisando mis mismos pasos, en silencio se sentó a mi lado en la única roca con el espacio suficiente para ambos mientras contemplábamos en silencio el reflejo danzante de la media luna sobre el agua que apaciblemente formaba ondas.

Tantas veces había solicitado la presencia de los mismos chicos una y otra vez olvidándome de aquellos a los que más les debía el confort que últimamente yo misma no había podido encontrar en nadie. Y por eso hoy estabas a mi lado recordándome que sin palabras me había prometido no volver a provocar que alguno de mis chicos volviera a experimentar la desesperación que a ellos catorce ya les había provocado, y sólo contando a quienes sus historias permanecerían en secreto.

—Había prometido no hacerlo de nuevo y planeaba cumplirlo, cada noche me esforcé por no crear rostros ni nombres en esas cortas historias que mi cerebro nunca pudo dejar de crear —recargó su alborotada melena negra en mi hombro mientras juntaba sus manos y recorría su palma con su pulgar, yo recargué mi cabeza en la de él—. Sin embargo parece que no puedo evitarlo por mucho tiempo y termino descargando toda mis frustración de la forma más violenta que puedo tener... y lo odio, esa es la parte de mi imaginación que odio.

—Tarde o temprano sucedería —pocas eran las veces en que él me respondía pues pocas veces eran las que nos encontrábamos solos, sin embargo yo lo conocía y sabía que él no era tan silencioso como aparentaba—. Debes entender que en este lugar podemos olvidar, perdonar y recordar lo que fuimos antes de cambiar.

—Si ese es el caso seguiré trayéndolos y recordándolos.

martes, 26 de julio de 2016

Es tiempo de decir adiós



Tengo una mala memoria para tantas cosas, excepto cuando se trata de recordar a quienes he amado. Puedo recordar cómo fue que hace cinco años te vi por primera vez, en ese momento eras una cachorra en adopción a quien yo nunca podría tener así que sólo rogué porque alguien te llevara y te cuidara.

Te vi partir ese día en los brazos de una amiga mientras a tu hermana se la llevaba la mejor amiga de esa chica. En ese tiempo sólo sonreí y decidí centrar mis pensamientos en algo más, tu historia había terminado para mí y sólo quedarías como el lejano recuerdo de una animal más que conocía. O eso, pensaba.

¿Fueron dos días o una semana? Perdóname porque no puedo recordarlo con exactitud. Sin embargo esa amiga nos contó cómo su padre no te quería en su casa porque eras un desastre, una cachorra mal educada y juguetona. Fue al día siguiente en que ella nos dijo que su padre no bromeaba que tomé la decisión de llamar a quien tal vez podría aceptarte y como tal, sucedió. Mi tía accedió a que te llevara con ella.

Eras pequeña, negra y café con un pequeño aguijón blanco en la cola hecho de sólo unos cuantos pelos; tenías mucha energía, mucho carácter y una nueva vida qué empezar. Te llamaron Maya, un nombre un tanto común pero que te quedaría.

En la nueva casa te educaron de la única forma en que se sabía educar ahí, y aún así no cambiaste demasiado tu ser tan alegre y desastroso. Te defendías al mismo tiempo de que te sometías, eras toda una curiosidad que por mucho tiempo creí que no eras parte de mí a pesar de las incontables veces en que mi tía bromeaba acerca de que eras mi hija y que ella sólo te estaba cuidando.

Nunca me sentí especial para ti, tampoco sentía que fueras más especial para mí que el resto de los perros que ahí tenían, sólo te quería. Me divertía escuchar de tus rarezas, me gustaban las pocas veces que te me acercabas para que te acariciara o saludara. No sabía cuánto significabas para mí hasta que te vi cambiar.

Comenzaste a perder peso, pensé que estaba bien porque en realidad habías estado un poco arriba de lo normal, te sobreponías a tus problemas en la piel con diagnósticos que sólo nos alejaron de la realidad. Después con la cirugía sentí que el lazo entre nosotras empezaba a mostrarse en realidad mientras yo me encargaba de limpiarte.

Cuando nos dieron la noticia de que lo que te habían quitado no era benigno me mantuve positiva, muy raro en mí, pensando que estarías bien por varios años, que empeorarías ya cerca de tu edad de despedirte; de verdad que no me preocupé en absoluto...

Entonces todo pasó rápido, perdiste más peso del que esperábamos, tu cuerpo se vio afectado casi completamente, tu comportamiento dejó de ser tan alegre por la desesperación que la enfermedad te causaba, permanecías escondida y quieta aunque aún agitabas tu cola al escucharme y salías cuando te hablaba. Cuando mi mamá dijo que estabas sufriendo y que pronto tendríamos que ponerte a dormir, yo seguí negándolo en mi cabeza sin darme cuenta; hasta ese día que te vi peor y tú te echaste en mis pies como si esperaras que te consolara o ayudara, ahí fue cuando noté el dolor que me provocaba tu estado y lo que terminaría sucediendo.

Sabiendo que ya no comías, que ya te quejabas, tomaron la decisión de que ya era el momento de decir adiós. Traté de ser fuerte, no quería llorar más pero tú me miraste de una forma que derribó mi muro. Me dijeron que yo lo hiciera, creí que podría como la vez anterior sin embargo cuando lo dije en voz alta supe que no sería capaz de hacerlo.

Así como yo había sido quien te había llevado a esa casa, ese día fui yo quien te llevó de nuevo a tu último viaje. Lloré frente a quien no debía a pesar de que sabía que lo que hacíamos era lo mejor y la única salida.

Izete solu jameur, Maya. Mir Ventaze leupni fo Koneza.

Reactivando.

Como tal vez ya se dieron cuenta o para que lo sepan, soy una persona muy desordenada, dispersa e indisciplinada... por eso es que después de haber empezado con entradas ligeramente puntuales y continuas, pasé a postear una vez cada que se me ocurría algo.

No es que le haya perdido el interés a esto, tampoco me detiene tanto el miedo a que se roben ideas mías o mis historias (aunque en momentos sí me detiene eso), es sólo que cuando me propongo escribir con tiempo límite o porque DEBO hacerlo, mi motivación recae al punto de que me bloqueo; de alguna forma mi mente piensa que si me están forzando a escribir no puedo hacerlo.

Sabiendo que ese es mi problema, y que muchas cosas las escribo más personales que creativas, decidí empezar a escribir más seguido lo que sea que llegue a mi mente si es de calidad así que tal vez pueda escribir diario o al menos dos veces a la semana. Trataré que con eso pueda sobrepasar mi problema con la disciplina y las fechas límite, además de practicar muchas cosas más. No sobra decir que también intentaré continuar con la historia de Olvidados pero Juntos~

Habiendo dicho eso, hoy escribiré una estrada más aunque de nuevo será personal (una nueva etiqueta por cierto), así que espero no aburrirlos con eso y que sigan leyendo~

martes, 5 de julio de 2016

Madrugada

No había viento, no había lluvia, no había radio, no había gente. Pasaban de las tres de la mañana y yo no podía dormir aún; en un inicio creí que era por la emoción generada por lo último que había estado leyendo, sin embargo mi mente terminó quedando en blanco al cabo de unos interminables minutos en que me di cuenta de que era algo más.

Era cierto que una de las cosas que más odiaba era no ser capaz de dormir bien, de que mis horas de sueño se redujeran, siendo que me provocaba un ligero miedo por quedarme dormida donde y cuando fuera. Y aún así noté como en mi interior se levantaba una añoranza y nostalgia por ese sonido tan característico de la madrugada.

Los sonidos alrededor son tan bajos que casi pasan desapercibidos, entre las dos y las cinco de la mañana es cuando predomina esa calma en la calle pues pocos son los coches que interrumpen el silencio sin destrozar el ambiente, no hay voces de gente ni de animales, pocos grillos son audibles. Cuando estás despierto a esa hora sin ningún aparato encendido cerca de ti es que te conviertes en parte de ese relajante ambiente en que sabes que la mayor parte de la gente duerme. A las seis de la mañana esa calma comienza a debilitarse, ya hay más personas despiertas preparándose para salir o tomando camino.

Ese ambiente me ha hecho repasar las veces en que debía despertarme antes o después de las cinco de la mañana para entrar a mis clases de la siete en la secundaria y en la preparatoria. También me hacía recordar las veces en que alguna enfermedad nos había provocado despertar para ir con rapidez a algún hospital o quedarnos en casa de nuestra abuelita a esperar noticias.

—Ahora yo también lo anhelo —no necesitaba buscarlo para saber que estaba detrás de mí. Sentía el calor de su espalda muy cerca de la mía, incluso notaba un ligero cosquilleo en mi propio cabello provocado por los suaves y esporádicos toques entre mis puntas y las de él.

—Lo siento, no debí haberlo pensado.

Me había encontrado desesperada por ampliarle su propia vida, el nuevo rumbo que tomaría su historia era una mezcla de las últimas cosas que había deseado escribir así que me sentía realmente entusiasmada por hacerlo sin embargo entre él y yo seguía habiendo un muro que no me permitía alcanzarlo. A costa de mi propia seguridad avancé forzando ese muro a retroceder mas no a desaparecer.

De un momento a otro escribirlo se volvió doloroso, se volvió un arma de doble filo que yo no deseaba abandonar. Él sabía cuál era el problema pero no podía decirlo así que colocó frente a mí tantos obstáculos hasta que yo me agoté. Entonces llegó ella.

—Está bien que lo pienses, nunca es tarde para darle motivos que lo hagan arrepentirse —tampoco tuve que voltearme para verla, por el ruido y el movimiento del viento supe que se había colocado a su lado, detrás mío de nuevo. Quería verlos, quería girarme y enfrentarlos mientras mi orgullo y lógica me hacían mantenerme estática.

—No tienes idea de cuántas veces hemos hablado del arrepentimiento —lo escuché reírse al igual que a ella, la imagen que mi cerebro formó me provocó una risa contenida junto a una media sonrisa lastimera.

—En la próxima plática que tengan ¿estaré presente? —sentí la cabeza de ella apoyarse en la mitad de mi espalda.

—Ahora lo estás, seguramente en la siguiente también —cerré mis ojos esperando que el silencio me calmara de nuevo—. Porque ya no hay un Ryo sin Naran.

Perdí la cuenta de los meses en que tardé en darme cuenta, en entender por qué no podía escribir su historia hasta que ella llegó a demostrármelo de una forma que me llenó de vida y de renovada emoción.

Ryotarou y yo no éramos la misma persona. Por años lo creí, por años me engañé hasta que noté nuestras diferencias. Él y yo comenzamos siendo iguales, una reflejo del otro; las mismas ideas, metas, deseos, gustos, familias, hogares, edades hasta que mi tiempo avanzó mientras el suyo se congelaba.

—¿Y entonces? ¿Cuál es la diferencia?

Decidí enfrentarlos, debía terminar con esto o mi mente no sería capaz de tranquilizarse sólo que necesitaba escoger las mejores palabras que no estropearan el suspenso. Me levanté sacudiendo mis pantalones antes de voltear a verlos mientras les sonreía.

—Lo cierto es que tendrás que seguir esperando un poco para esa respuesta.

Suspiró exageradamente sin borrar de su rostro esa sonrisa de la que yo me sentía orgullosa pues no creía que sería capaz de crearla, ni mucho menos de verla. Naran agitó su mano frente a su rostro como si esparciera humo, al notar que yo no diría nada más puso los ojos en blancos y regresó por donde había llegado.

Al mismo tiempo que él, me dejé caer sobre el pasto en ese lado de la barda; recargué mi cabeza en su hombro mientras que él descansaba la suya sobre la mía. Con los ojos nuevamente cerrados esperé encontrar lo que quería decir ahora que él y yo estábamos solos de nuevo.

—Mi cabeza es un desastre... de nuevo he dejado de entenderme.

—No has dejado de entenderte, has comenzado a notarte —las exactas palabras que no había podido encontrar por mí misma de nuevo estaban en la boca de él. No éramos iguales pero sí similares.

—Suena estúpido pero estoy volviendo a sentir... —recogí mis piernas tratando de no moverme demasiado—. Vuelvo a odiar tan descontroladamente como antes, vuelvo a enojarme contra mí, vuelvo a anhelar y vuelvo a notar.

>>Quiero detenerme, quiero olvidarme, quiero avanzar y quiero comenzar de nuevo, sin embargo no puedo hacerlo... —estiré mis brazos hacia arriba, la luz de la luna poco iluminó de lo que deseaba ver—. Las cadenas se están haciendo más pesadas; ellos tiran de mí hacia arriba al mismo tiempo en que el peso tira de mí hacia abajo donde yo quiero ir, y no hace más que doler.

—Resiste.


La sola palabra hizo eco en mí. No había más qué decir o explicar pues él me conocía como yo a él así que entendía bien lo que decía. Resiste y espera que el tiempo ha sido fijado, que el reloj debe caminar hasta detenerse, el calendario ha de avanzar hasta terminarse.