domingo, 19 de junio de 2016

Lies are in everyone mouth, either they’re white or black, lies are lies. Their lies were a shield without colors.

A la lejanía escuchó a alguien llamándola por su nombre, lentamente sintió el toque su hombro y la sacudida por lo que rápidamente abrió los ojos y, sin pensarlo bien, movió su brazo para quitarse de encima la mano que la tocaba.

Con los ojos llenos de miedo, Naran fue reconociendo a Ryotarou quien la veía con sorpresa; pronto su mirar se pasó por la sorpresa a la disculpa, tal como a él le pasaba. Sólo ella se mostró dolida al hablar.

—Perdóname, yo… yo lo siento… no debí haber hecho eso… lo siento —Naran se levantó mientras que el retrocedía para recoger sus cosas

—No, perdóname a mí por haberte despertado de esa forma —apenado se rascó la nuca sin verla a los ojos—. Te movías mucho y la hora de ir a clase se acercaba… perdón.

—No, no te disculpes… te agradezco mucho la ayuda pero me sentiré más culpable si te sigues disculpando.

Ninguno de los dos dijo nada ni se movió por unos segundos hasta que iniciaron su camino hacia su salón. En la clase siguieron con el silencio mientras empezaban su práctica con las pinturas llamadas 'pastel', las únicas palabras que intercambiaron fue de cuando Ryotarou le ofreció de sus imágenes para dibujar el paisaje que el profesor pedía ya que ella no las había llevado.

Naran escogió la vista de unas montañas en lo que parecía un amanecer mientras que Ryotarou elegía algo más complicado como un fragmento de bosque y lago al atardecer. No sería un trabajo que pudieran terminar en una tarde por lo que en el salón se escuchaban con suavidad las conversaciones del resto de los estudiantes.

Casi al final de la clase el profesor pasó a cada uno de los lugares para revisar cuánto habían avanzado, sólo con Naran se detuvo un poco más para decirle que la había visto muy distraída aunque su pintura no iba mal ni lenta.

De nuevo los dos dejaron el salón en silencio, ella caminando unos pasos detrás de él pues aún se sentía mal por lo que había hecho mientras que él no encontraba la forma de convencerla que no había problema, aún así quería intentar hablarlo una vez más por lo que la enfrentó al final de las escaleras de camino hacia la salida.

—¿Quieres que te acompañe a tu casa? —Naran se sorprendió no sólo por la súbita interrupción de su camino, también del tipo de pregunta que le hacía, lo vio sonrojarse un poco al mismo tiempo que él se sorprendía—. No lo malentiendas, o lo que sea que pienses, yo lo decía porque no te ves muy bien…

Lo que había pasado antes de su clase la había hecho olvidar su propia enfermedad hasta que en ese momento se dio cuenta de que se sentía mal: —¡Ah! No te preocupes, es sólo que no me he tomado mi medicina… después de eso me sentiré mejor.

—¿De verdad? —la chica recuperó su sonrisa, el desvío la mirada de nuevo rascándose la nuca pareciendo aún apenado, ella sabía que haber preguntado algo así habría supuesto un gran esfuerzo para alguien tan tímido como él.

—Sí —iba a retomar el andar hacia la salida cuando notó una herida rojiza en el brazo de su amigo, donde la manga de la sudadera desprotegía su muñeca—. ¡Te cortaste!

Ryotarou abrió los ojos con sorpresa hasta que ella le señaló su corte, al entenderlo él cambió su ligero miedo o asombro por una media sonrisa: —Ah sí… ayer me corté con un plástico, es algo superficial —encogiéndose de hombros se dio la vuelta y continuó lo que ella había intentado antes de verle esa insignificante herida.

Después de ese incidente no volvieron a hablar en lo que siguió de la semana además de saludos distantes y preguntas mínimas cuando terminaban sentados cerca, lo cual sólo ocurría en una clase del viernes por la distribución del salón ya que sus amigos solían sentarse casi a la misma altura aunque ellas a la derecha y ellos a la izquierda.

El sábado Naran decidió no ir a sus actividades normales para ayudar en caridades pues apenas se recuperaba de su resfrío y no quería contagiar a alguno de los invitados o ayudantes. Por eso fue que decidió subir a diferentes transportes sólo para llegar a un lugar aleatorio; caminar sin rumbo muchas veces en el pasado la había llevado a conocer lugares donde podía ayudar y en esa ciudad aún no terminaba de encontrar los mejores para ella así que esa era la sexta vez que hacía un viaje así.

Tomó dos transportes que la llevaron hasta donde ella creyó que era lo mejor y más alejado, la mitad del camino la observaba, sólo distrayéndose cuando alguien se subía a vender o cantar o en las paradas donde veía a la gente que subía.

Al bajarse del segundo caminó aleatoriamente, recordando en qué calles entraba, hasta que media hora después se encontró en una zona medianamente vieja y un tanto descuidada pero que no parecía olvidada. Por un lado había departamentos de vista más cuidada que el otro lado donde las casas dobles tenían sus rejas ya oxidadas y sin cerrar.

Decidió ir a uno de los parques que encontrara para descansar un poco antes de seguir buscando así que entró al que le parecía un poco más escondido y se sentó en los restos de una banca de concreto, ahí dejó que su mente se perdiera en el recorrido que las hormigas realizaban frente a ella.

A lo lejos escuchaba niños jugando, personas platicar cuando pasaban cerca, los autos que atravesaban la pequeña calle que llevaba a ese parque, los perros a la lejanía ladrando a quienes se acercaran a sus hogares. Era una mañana tranquila, la gente ya debería tener rato de haberse despertado por lo que algunos ya habían salido en sus días familiares, aunque a Naran eso ya no le interesaba.

Seguía viendo a los pequeños insectos a sus pies cuando escuchó a alguien entrar a ese mismo parque, primero decidió no voltear, después creyó que una sonrisa podría servirle a esa persona aprovechando que ya no usaba el cubre bocas. Levantó la cabeza cuando la persona estaba ya casi frente a ella y a un par de metros, sin embargo la sonrisa se quedó a medio formar al ver a la persona.

Comenzaba a volverse una expresión constante en ambos pues de nuevo se vieron el uno al otro sorprendidos, inmóviles y mudos, sólo que esta vez fueron los dos quienes hicieron la media sonrisa en lugar de una completa además de que juntos bajaron la vista.

—¿Tienes tiempo?

Ryotarou preguntó primero, ella dudó sobre cómo contestarle sin entender lo que él podría querer, sabía que no tenía motivos para temerle por esa característica suya de no meterse en la vida de otros además de que sabía que no era alguien malo. Pensándolo así, decidió asentir.

El chico con un movimiento de cabeza le pidió que lo siguiera. Avanzaron hacia la zona más interna del parque hasta llegar a donde la maleza había crecido casi un metro, lo vio internarse sin detenerse o preocuparse por lo que encontrara, Naran decidió confiar en lo que hacía así que caminó por la zona donde ya había bajado las hierbas.

El camino siguió un poco más hasta donde encontraron dos sauces cuyas ramas bajas cubrían a su tercer hermano que ya había sido cortado, por ese lugar Ryotarou atravesó para llegar a donde ya no había más hierbas, sólo un pedazo de tronco recostado a forma de banca, el lugar tenía algunas basuras olvidadas sin mucho tiempo y la pared del fondo tenía porciones oscurecidas en forma de quemaduras.

El chico sacó una bolsa de plástico de su sudadera y comenzó a recoger los desechos mientras que ella terminaba de examinar todo y sentarse: —Los otros que usan este lugar no son tan limpios.

Con una sonrisa pequeña se disculpó, ella negó con la cabeza esperando a que él se sentara, en cambio lo que el chico hizo fue pedirle que esperara un poco en lo que tiraba la basura. Naran se quedó sola apreciando lo relajante del espacio aunque el olor la inquietó hasta que recordó que ese era el típico olor residual de un tipo de droga común.

Estaba decidida a preguntarle sobre eso en cuanto llegara hasta que recordó que había dicho que otras personas también usaban el lugar, aún así sentía curiosidad por saber si él les hablaba a esos otros y había probado la fuente del olor. Cuando él regresó traía un par de refrescos de los cuales le entregó uno antes de sentarse un poco cerca de ella dándole algo de espacio; sin dejar de pensar en lo amable que era, Naran decidió evitar el interrogatorio por su parte así que únicamente bebió.

—Tú nunca preguntas nada ¿verdad? —viendo que él no planeaba hablar, ella terminó haciéndolo pues no acostumbraba a estar entre tanto silencio cuando tenía alguien cerca, como respuesta él se encogió de hombros.

—No es por falta de interés, sólo no me siento cómodo metiéndome en la vida de otros —le dio un trago más a su refresco mientras pensaba qué más decir. Ese chico la hacía querer hablar más de lo que debería y al mismo tiempo la retraía pues desconocía de cosas que tuvieran en común, además que sabía que lo que quería contarle no era algo que debería hacer.

—Yo no pensaría eso de ti… —no estaba segura si era su primera vez o no, pero sé sintió avergonzada de tantas cosas frente a él al grado de que no lo vio a los ojos, sólo trató de disimular con la tierra bajo sus pies.

En cierta forma le desesperaba la pasividad de él, que no tomara la iniciativa, ya que ella estaba muy acostumbrada a que quien la conociera sacara su lista de preguntas, la cuales comúnmente terminaban siendo las mismas una y otra vez. No era que le gustara ser ese tipo de centro de atención o que de verdad le interesara contestarles o agradarles, sin embargo sentía esa urgencia porque él, especialmente él, hiciera las preguntas para conocerla, y así ella tuviera una excusa para conocerlo a él, aún cuando sabía que no debía hacerlo.

—Hagamos un juego —él la vio con escepticismo mientras que ella le sonreía con malicia, la idea que había formado la enorgullecía y al mismo tiempo la atemorizaba sobre el tipo de reacción que él tuviera—. Si tú me haces una pregunta, yo te haré una pregunta; pero si tu pregunta no la puedo contestar, yo no haré pregunta hasta que hagas otra que yo te conteste, y lo mismo podrá ser aplicado en tu caso.

Se quedó en silencio aún observándola de la misma forma, Naran lo vio jugar con el anillo de la tapa de la botella hasta que esté asintió sonriendo de una forma que provocó que ella alejara la vista de él pues su sonrisa había cambiado a algo que le pareció honesto: —Me parece interesante aunque… no es como si yo tuviera cosas que pudieran interesarte —dejó de verla, se fijó en el tronco muerto frente a ellos, Naran sabía qué podría decirle pues una amiga que antes había conocido le había dicho algo similar, sin embargo por alguna razón que no comprendía no podía decírselo. Él, completamente ignorante de esos pensamientos en ella, decidió iniciar lo que ella llamó un juego—. No vives por aquí ¿cierto?

—Así es —de nuevo Naran se sorprendió de él pues sentía que la pregunta que había hecho estaba planteada de forma en que no la obligara a decir algo que no quería y así quería mantenerlo, mas su boca pareció ser más honesta—. Vivo hacia el este de nuestra escuela, a dos horas de camino —se encogió de hombros, tanto por lo que había dicho como por saber que él no la seguiría a su casa o trataría de ir. Ella también ya sabía qué preguntar—. ¿Qué tan seguido vienes a este lugar?

—No mucho, sólo cuando quiero perderme un poco leyendo —el chico le dio otro trago a su refresco aunque ese fue más largo, después se volteó a verla para continuar con la siguiente pregunta.


Al final Naran ya no se fue a otro lugar pues se quedó ahí con Ryotarou, hasta que fueron las cinco de la tarde que él dijo que tenía que regresar a su casa, ella también decidió irse sabiendo lo lejos que estaba la suya. Él se ofreció a caminar con ella hasta donde el transporte pasaba, camino que recorrieron en silencio, aún después de que la sesión de preguntas había perdido la seriedad inicial para cambiar por cosas banales como decidir entre perros y gatos, haciéndolos reír por un largo rato al punto de que Naran terminó con dolor de estómago y mejillas.

Dejaron pasar un par de camiones aún sin hablar, sólo viendo diferentes cosas hasta que ella sacó su dinero para su pasaje, entonces Ryotarou por fin habló: —¿Es cierto que terminarás cambiándote de escuela?

Naran bajó la cabeza, durante su tiempo de preguntas no habían hablado de eso ni de lo que siempre le preguntaban sobre el trabajo de sus padres o los lugares en los que había estado, lo único serio había sido sobre el lugar donde ella vivía y el cómo había llegado ahí, por eso esta última pregunta la hizo recordar por qué no quería acercarse a nadie.

—Sí… tal vez sólo me quede tres meses… —sin esperar alguna otra reacción del chico o pregunta, Naran le hizo la parada al transporte que usaría, mientras este se orillaba se volteó a verlo: —Me debes una pregunta.

Al siguiente día se volvieron a encontrar en el mismo lugar a la misma hora para pasar otros momentos entre risas y pensamientos profundos que poco tenían que ver con sus vidas privadas. Ryotarou ese día aprovechó que el resto de su familia no se encontraba en casa para invitarla a pasar y comer antes de que se fuera, dejándola después revisar su cuarto el cual le sorprendió a ella encontrarlo tan limpio y acomodado pues había dado por sentado que todos los chicos siempre tenían un desorden en sus habitaciones.

El resto de la semana siguieron hablando lo mínimo hasta el jueves que estando en su otro lugar tranquilo donde hablaban sólo un poco antes de que él se centrara en su lectura y ella en sus pensamientos mientras ambos escuchaban la música que a Ryotarou tanto relajaba.

El siguiente fin de semana ella no se presentó, tal como le había avisado el jueves a su amigo, ya que el sábado salió con sus amigas y el domingo se quedó en casa con sus padres. Durante la semana que siguió ese fin de semana Naran notó al chico diferente a pesar de lo poco que interactuaban antes del jueves.
Ese día Ryotarou no se presentó en su lugar durante todo el tiempo que tenía que esperar y a su clase llegó casi diez minutos tarde sin dar ningún tipo de explicación al profesor que no preguntó ni a su amiga que tampoco hizo intento por interrogarlo mientras él seguía extrañamente callado y serio. En la salida la esperó aunque siguió usando sus audífonos como excusa para evitar preguntas. Por ello Naran no fue capaz de entender lo que al chico le pasaba, siendo que el fin de semana sus planes fueron de nuevo mancillados ya que el chico en esa ocasión fue el que no acudió a su lugar secreto en ninguno de los dos días, y a pesar de que ella ya conocía su dirección, decidió no ir a molestarlo.

Para el siguiente lunes él se mostró un poco mejor hablando más con sus amigos; si bien Naran no se atrevió a interrogarlo, se sintió tranquila de verlo regresar a ser el chico que había comenzado a apreciar.

—¿Qué estás leyendo ahora? —a propósito Naran había llegado más tarde al sitio de espera de los jueves, el chico bajó su libro para saludarla con una sonrisa que también pedía disculpas.

—Eso te va a costar una pregunta.

—Bien, bien, guarda el sarcasmo entonces —se sentó a su lado suspirando—. Déjame replantear la pregunta —carraspeó fingidamente—. ¿Cuál es la sinopsis del libro que hoy te encontrabas leyendo antes de que yo llegara?

Provocó una risa tímida en el chico, a Naran le gustaba cómo él solía cubrirse la cara o la boca cuando reía sinceramente como si no le gustara que otros vieran esa parte de él, por eso fue que casi se sintió orgullosa de hacer que esa expresión en él regresara.

Y así el siguiente sábado volvieron a encontrarse en el lugar secreto del parque; ese día Naran llegó con un vistoso parche en su ojo izquierdo por culpa de un golpe que le habían dado en su camino de regreso a su casa el viernes donde su camión había tenido que frenarse bruscamente provocando que el hombre que estaba al lado de ella perdiera el equilibrio, obligándolo a mover su brazo con rapidez para tratar de sostenerse de nuevo.

Para el lunes de regreso a clases el parche ya no estaba y ninguna marca quedaba en su rostro por lo que Ryotarou fue el único en enterarse de ese pequeño accidente de la chica hasta que a mitad de la semana que siguió, la mala suerte de la chica pareció continuar pues llegó con su brazo vendado y adolorido que el jueves llevó con una férula y cabestrillo por una torpe caída que había sufrido en su casa.

Después de eso Ryotarou pasó al silencio una semana más con una muy breve recuperación durante los días de descanso en que estuvo con ella, volviendo a su aislamiento la semana en que ella cumplió los dos meses de su llegada.


El camino hacia el tercer mes fue de nuevo una mezcla de altibajos en los comportamientos de ambos y su suerte. La mayor parte de los momentos libres Naran y sus amigas se dieron cuenta que más chicos se acercaban a ella con las intenciones de coquetearle para convencerla de que se juntara más con ellos y así poder conquistarla, sin embargo ella se mantuvo fiel a los amigos que estaba disfrutando así que siempre lograba deshacerse de sus insistencias con excusas, algunas veces ellas la ayudaban pero en clase de pintura donde ninguna estaba, ella tenía que buscarse su salida sola ya que Ryotarou nunca intervenía.

El tercer lunes de ese mes sucedió que Naran acababa de torcerse el tobillo la tarde anterior, al no tener un justificante decidió irse al lugar de espera de los jueves para saltarse la primera clase que era de educación física. El hilo de sus pensamientos se cortó al ver a Ryotarou llegar igual que ella; ambos se vieron entre ellos, al explicar sus razones para saltarse la clase comenzaron a reír hasta que ella sacó lágrimas y él no soportó el dolor del estómago.

Al final él se quedó sentado leyendo y ella recostada con su cabeza en sus piernas cambiando las canciones de su reproductor para escoger las que más le gustaban. Cuando faltaban quince minutos para que los otros salieran, ambos se fueron al salón de la clase que seguiría.

Mientras Ryotarou seguía leyendo, Naran se quedó entretenida con los apuntes del chico ligeramente recargada en él. Cuando la chica alzó la vista, se encontró a dos de sus amigas y dos de los amigos de él asomados en el resquicio de la puerta, los cuales al captar la vista de ella se ocultaron, Naran se dio cuenta que él también había visto lo mismo así que intercambiaron una mirada confundida antes de que ella se levantara para ir a saludar a sus amigas y explicarles la razón por la que no había ido a esa clase.

Después de ese día, tanto las amigas de ella como los de él empezaron a intentar juntarlos más sin que ellos lo notaran ya que los dos chicos no tenían ningún problema en perderse platicando entre ellos cuando los obligaban a quedarse solos, por eso fue que pudieron alejar a todos los otros chicos que trataban de acercarse a Naran aunque no podían hacer nada durante su clase de pintura.

Esa tarde ya llevaban casi media hora desde que iniciada la clase cuando el profesor dejó el salón con el aviso de que tenía que ir a arreglar unos asuntos, entonces tres de los chicos del grupo dejaron sus mesas para colocarse frente al de Naran y ver cómo estaba avanzando en la segunda pintura a pastel que estaban haciendo.

—Ya no te creo que nunca antes habías dibujado o pintado —el chico más alto entre ellos se acercó mucho más hacia ella con la excusa de ver mejor lo que hacía, ella le sonrió moviéndose un poco hacia Ryotarou.

—Oh… así que me estás llamando mentirosa —Elizabeth le había sugerido usar las palabras de esos acosadores, como sus amigas los llamaban, para alejarlos un poco de ella; en respuesta los otros chicos le hicieron burla al que había hablado.

—No, para nada, nunca lo haría —nerviosamente se rascó la sien, Naran comparó la forma en que Ryotarou reaccionaba con la de ese chico y no pudo evitar pensar que su amigo lo hacía mejor y más natural.

Inconscientemente se giró a verlo un poco, notó que ya se había puesto sus audífonos para ignorarlos por lo que sonrió discretamente antes de volver a prestarle atención a los tres que tenía enfrente y que continuaron con sus preguntas y comentarios por un rato más ya que el profesor aún no regresaba.

Sin trabajar y sólo distrayéndolos, los tres ni siquiera se preocupaban por vigilar la puerta o la hora ya que la salida estaba sólo a cinco minutos. Naran comenzaba a sentirse molesta aunque no tenía forma de pedirles que se fueran a sus lugares, Ryotarou en cambio parecía tranquilo como si nadie se hallara a su lado, eso a ella la hacía sentir entre culpable porque ellos estuvieran ahí por su culpa y dolida porque ni siquiera intentara ayudarla.


De pronto su amigo se movió para detener la música de su reproductor, siendo Naran la única que lo notó, después guardó sus pinturas antes de voltearse a verla. La chica lo notó algo raro pues parecía serio y con algo diferente que ella no lograba terminar de identificar.

—Ya es hora de irnos, el maestro ya viene.

Comprobando lo que había dicho, los pasos del profesor se escucharon por lo que los tres tuvieron que regresarse a su lugar con rapidez, Naran guardó sus cosas aún notando lo extraño en la expresión de su amigo. El maestro se disculpó por el tiempo en que los había dejado solos para luego dejarlos irse mientras que él también se preparaba para lo mismo.

En cuanto Naran terminó de guardar sus cosas, Ryotarou la tomó de la mano y con un movimiento de cabeza le señaló la salida para que ya se fueran. La chica se sintió sonrojar, sin embargo intentó actuar de la forma más natural que pudo siguiéndolo al pasar frente a los chicos que la habían estado acosando, ahí fue donde ella se despidió de ellos para llamar su atención mientras salía con él.

Aún sin soltarse, llegaron hasta la parada de los camiones donde Ryotarou por fin volteó a verla. Estaba ligeramente sonrojado, había una disculpa silenciosa en sus ojos mientras sonreía de medio lado.

—Lo siento… no te veías a gusto pero no pude pensar algo antes… —esta vez ella fue quien se sonrojó, en cuanto él la notó se rascó la nuca y retiró la vista de ella a pesar de que aún no la soltaba.

—Gracias…

Se sintió tonta, sabía que debía haber elegido otro tono u otras palabras, que debía haber continuado la conversación con algo, mas su decisión por no involucrarse más con él la hizo morderse la lengua, agachar la cabeza y sentir que se formaba un nudo en su garganta para evitarle el decir lo que no debía.

Tanto se concentró en el espacio entre sus tenis y los de él que no notó nada hasta que él tuvo sus labios en su cabello, cualquier tipo de contacto la hubiera hecho encogerse o sobresaltarse, en cambio eso que Ryotarou hizo la paralizó mientras sus ojos se humedecían.


—Somos tan mentirosos —soltó su mano, Naran no se atrevió a levantar la vista para verlo partir, así como él decidió no ver hacia atrás.

viernes, 17 de junio de 2016

Don't turn on the light


All the voices, the words, the actions, the faces, the eyes; every part of them are just a new ring in the chains that day by day are getting heavier and painful.

I can't lie, I want them to tell me they need me, to hear them when they said "I love you", having them by my side is a gift as much as a grief. They want me, they need me, they help me but that just increase the pain.

I don't want to be there anymore, I'm a coward who can only see the death as the last place to visit. I want to run away but every time I hear those words I forget what would make me happy, for what would make them happy because there's nothing more important that their happiness.

So please, don't turn on the light because I don't want them to see what I am now. Just let me be like this, bearing the weight of the chains, until the destiny tell me if my choice will remain or if the new one will be made. My dream has been completed, theirs don't, that's why I'm going to stay here.

It's true that I don't have enough reasons understandable for the rest, like him; and that I'll leave pain behind, unlike her; but this is my only egoistic desire, the last.

jueves, 16 de junio de 2016

And then, when she decided she wouldn’t opened her heart again, the key appeared in hands of a desperate one.

Lentamente Naran abrió sus ojos, la parte baja de la espalda ya le dolía por la posición en la que se había sentado además de que el respaldo que había elegido la había incomodado de igual manera. Llevó su mano derecha a su cuello para sobarse un poco mientras terminaba de desperezarse hasta que la preocupación por el tiempo que había pasado le provocó una descarga de energía y angustia que la obligó a ver su reloj de muñeca.

Un minuto tarde había despertado después de la hora en que ya debía haber comenzado su clase. De un salto se levantó para caminar con rapidez al salón donde debía encontrarse para su primer clase de pintura. Llevaba la mitad de la escalera que la llevaría al tercer piso cuando recordó al compañero que había visto del otro lado del tronco; ya no podía ver su escondite desde donde se encontraba y aún así se giró en esa dirección preguntándose si seguía ahí y se había reído de la apresurada reacción de ella.

A pesar de haber subido los escalones de dos en dos y haber caminado tan rápido como podía, llegó a la puerta del salón cinco minutos tarde, cuando todos sus compañeros ya estaban en sus asientos preparando lo que seguramente les habían pedido la clase anterior. Con una disculpa y su usual sonrisa, Naran pidió permiso para entrar esperando recibir una mirada desaprobatoria de su profesor, sin embargo este le respondió la sonrisa ladeando la cabeza para permitirle la entrada.

Todas las mesas de dibujo del lugar ya eran bastante viejas con colores de pinturas de muchas generaciones que ya las habían usado, estas estaban distribuidas por pares formando tres columnas de cuatro filas que daban lugar para veinticuatro alumnos, siendo que los de ese momento tres chicos se quedaban en una mesa sin compartir.

Naran distinguió enseguida a su mismo compañero solitario del árbol así que tomó la decisión de sentarse a su lado sólo por esa clase para preguntarle lo que habían hecho antes y lo que harían ahora.
A simple vista el chico no parecía ser muy amable por la seriedad de su semblante y un toque de intimidación en su mirar, y aún así las dos veces que Naran lo había escuchado hablar le parecía que no era nada de eso en realidad.

El profesor comenzó su explicación sobre la técnica para usar el carboncillo mientras Naran aún se acomodaba, ella alcanzó a ver un poco de cambio en el semblante de su compañero aunque no fue capaz de distinguir si era malo o bueno a causa de que debía seguir concentrándose en no hacer ruido o demasiado movimiento que distrajera al maestro o a los demás alumnos.

Una vez que el profesor terminó, los estudiantes sacaran sus materiales y observaron los objetos que él les había acomodado enfrente para que decidieran qué usar para dibujar con luces y sombras, lo principal a practicar.

—¿Puedo ver cómo lo haces? —el chico apenas y giró su rostro para verla, lo que dejó a Naran con la duda de si había levantado una ceja o no—. O si lo prefieres, déjame ver las cosas que hicieron en las clases pasadas.

De nuevo él sólo la observó sin decirle nada hasta que se encogió de hombros antes de empezar con el dibujo de una de las botellas de cristal que eran los modelos que el profesor había colocado: —Como quieras.

El chico llevaba su carboncillo al papel grisáceo con el que trabajaba cuando se detuvo súbitamente, Naran lo vio mientras se preguntaba la razón por la que lo había hecho. Él dejó de lado lo que llevaba en su mano para tomar su papel, doblarlo a la mitad y cortarlo; para sorpresa de Naran, él le entregó una de las mitades y le acercó la pequeña bolsa de plástico donde llevaba otros carboncillos.

—Ay no, no tenías que hacerlo —sin querer alzar la voz, Naran recibió lo ofrecido sintiéndose realmente apenada porque él lo hubiera tenido que compartir, como respuesta recibió de nuevo un encogimiento de hombros en lo que él volvía a concentrarse en su propio trabajo tratando de ignorar las miradas curiosas de algunos de sus compañeros—. Lo siento… ¿cuál es tu nombre?

—Ryotarou.

—Muchas gracias, Ryotarou, te lo pagaré mañana.

—Como quieras —el chico mantuvo su vista en su trabajo, seguía sonando amable para Naran aunque un tanto cortante así que decidió hacer lo mismo y concentrarse en lo que el resto hacía.

Nunca antes había dibujado algo tan realista o detallado así que no tenía esperanzas en su resultado final; las palabras que Pat le había dicho en el pasado era lo que la había motivado a entrar a esa clase y dar lo mejor de sí para intentar y cumplir con lo que les pedían así que no se quejaría y se dejaría llevar por la tranquilidad que su amigo siempre le había presumido que hallaba al pintar o dibujar.

—¿Cómo te llamas tú? —la voz de su compañero casi la sobresaltó pues había dado por sentado que él no se interesaría en nada que no fuera lo suyo, no pudo evitar pensar en lo tierno que ese chico podía ser en realidad.

—Soy Naran.

Sorprendiéndola de nuevo, Ryotarou no hizo más preguntas, no porque la ignorara, sino porque parecía que no era ese tipo común de personas que les gustaba hacer mil preguntas que saciaran su curiosidad sobre las personas que los rodeaban. De alguna forma Naran se sintió muy cómoda con él, sentía que su presencia a su lado era tranquilizadora y agradable.

En cuanto el pensamiento terminó de tomar forma y lógica en su mente, sintió su corazón estrujarse bajo su piel, tragando saliva intento deshacerse del nudo en su garganta que siempre acompañaba ese tipo de dolor. No podía permitirse sentirse a gusto con nadie, no debía apegarse a nadie pues tarde o temprano lo dejaría de ver, y de nuevo se provocaría dolor a sí misma.

Sacudió la cabeza un poco antes de volver a fijar su atención en el dibujo que debería hacer; y aún con eso se cachó a sí misma volviendo a ver al chico. A decir verdad, le agradaba la forma de su cabello medio ondulado el cual poco sabía acomodárselo y que, al tenerlo ligeramente largo, visto por detrás no parecía tanto un chico excepto si ponías atención en lo ancho de su espalda; también le gustaba el color que tenía pues era un castaño más oscuro que el de ella y que en la sombra parecía negro; mas lo que terminaba por atraerla más era el color de sus ojos, eran de un verde inusualmente brillante y vivo que parecía ocultarse por la frialdad común de su mirada, Naran no podía dejar de preguntarse cómo era que el resto de sus compañeras no se había interesado aún en él pues era bien sabido que las personas con ojos claros llamaban mucho la atención por ser algo fuera de lo común.

De nuevo se sacudió los pensamientos, dejó de ver a Ryotarou para distraerse con el dibujo que ya hacía pues ella no estaba tan segura de cómo debería usar el carboncillo para las luces así que usó lo que él hacía como modelo. Le sorprendió que trabajara tan rápido, que las líneas simples que había empezado a hacer, ahora le dieran forma a la repetición del frasco de cristal que estaba sobre el escritorio del profesor, por eso fue que Naran no quiso quedarse atrás.

Al final su dibujo no fue nada bueno aunque sentía que había comenzado a entender el uso de ese material y, junto con las observaciones que el profesor le hizo, supo lo que haría la siguiente clase si se repetía el ejercicio.

Ella fue más rápida que él en guardar sus cosas puesto que no había sacado nada más que un lápiz, por eso fue quien lo esperó pues aún tenía cosas que preguntarle sobre lo de las clases anteriores y el material que le había prestado.

—Y entonces ¿cómo te repongo lo que me diste? —le soltó la pregunta en cuanto iniciaron el camino hacia las escaleras.

—Déjalo así, no importa.

—Claro que importa, te puedo pagar.

—No recuerdo cuánto costó y no tengo forma de verlo —Naran suspiró, odiaba sentir que le debía algo a alguien.

—¡Ya sé! —chasqueó los dedos en el momento en que la idea apareció en su mente, se giró a verlo con una sonrisa de verdadera felicidad, y cierto orgullo por haberlo pensado, aunque él seguía sin verla directamente—. ¿Cuál es la tienda de materiales más cercana?

Justo en el final de las escaleras, Ryotarou por fin la vio, de nuevo con una ceja alzada y seriedad en el resto de su cara: —No sé si es la más cercana pero es la única que conozco…—reinició su camino hacia la salida obligando a la chica a seguirlo unos pasos mientras buscaba la mejor forma de darle las indicaciones para llegar—. Pues… si tomas uno de los camiones que pasan por la esquina, este te llevará directo a esa tienda.

—¿Vas hacia esa esquina? —Ryotarou asintió—. Bien, ahí podrás enseñarme cuál es ese camión.

En silencio ambos recorrieron la distancia que abarcaba la mitad del estacionamiento de una de las plazas situadas al lado de su escuela, Ryotarou se había colocado sus audífonos sin que ella se diera cuenta de cuándo, al notarlos fue que decidió de nuevo que no lo interrumpiría pues no tenía nada de qué hablar con él no sólo porque no lo conocía, sino también porque ella misma no sabía qué decir.

Se detuvieron en la esquina, Ryotarou utilizó la sombra de un poste para cubrirse del sol así que Naran se paró a su lado con las manos tomadas en su espalda y viendo hacia los camiones y coches que pasaban por la amplia avenida.

—¿Irás en este momento a la tienda?—Naran lo observó por la sorpresa de que le hubiese hablado primero, únicamente le respondió afirmativamente con un movimiento de cabeza, él se encogió de hombros—. Él camión donde yo me subo te llevará, yo bajo después de esa parada así que podría decirte dónde.

—Ah, claro… me encantaría —le sonrió como siempre, él esta vez sonrió de medio lado mientras caminaba hacia la orilla de la banqueta y le hacía la parada al camión donde debían subirse.

Ryotarou pagó el pasaje de los dos sólo para apresurar su ascenso así que en cuanto se sentaron Naran le pagó su cuota. De nuevo él se encerró en su propio mundo mientras ella veía por la ventana ya que su nuevo amigo le había cedido ese lugar a pesar de que bajaría antes.

En pocas ocasiones ella lo volteó a ver a él y viceversa, ambos respondían con sus típicas sonrisas cuando sus miradas se encontraban aunque se mantenían sin hablar hasta que el momento en que ella debía despedirse.

—Gracias de nuevo, nos vemos mañana.

Naran pasó una hora dentro de la tienda hasta que compró lo que buscaba y debía reponerle a su compañero, después de eso se fue a seguir explorando las zonas centrales de esa ciudad tan grande gracias a que el transporte ahí era mucho más extenso que en cualquier otro lugar donde había vivido así que aún le quedaba tiempo para investigar los lugares en los que pudiera ayudar como siempre lo había hecho.


Por dos semanas más siguió juntándose con las mismas cinco chicas que de vez en cuando salían con los otros seis chicos, Naran comenzó a sentirse incómoda entre ellos por la cantidad y por las cosas de las que hablaban pues nada le interesaba a ella y comenzaba a olvidar qué decir para continuar las conversaciones por lo que pasaba más tiempo en silencio y en sus propios pensamientos, lo que no dejaba de molestarla así que decidió volver a su versión anterior donde le hablaba a todos sin falta.

Había perdido esa costumbre desde mediados de tercer año de secundaria al darse cuenta que terminaba llamando demasiado la atención, lo que atraía a algunos de sus compañeros que hacían todo lo posible por saber más de ella, lo cotidiano y su familia, lo que siempre trataba de evitar por un secreto que tenía que guardar y que sólo esa vez a mitad de tercero lo habían descubierto.

Se había encariñado con dos chicas, sin darse cuenta había bajado tanto la guardia con ellas que estas habían caído completamente en la curiosidad como para seguirla hasta su casa y conocer eso que tanto quería ocultar. Dejarlas había sido doloroso, más al hacerlo sin despedirse de ellas, sin embargo lo que más la había lastimado es que la hubiesen visto con ese secreto que guardaba tan celosamente pues era la peor de las vistas que podían haber tenido de ella.

Contándolas a ellas dos, sólo cinco personas sabían de Eso. La primera en descubrirlo había sido una compañera de cuando ella iba en segundo del jardín de niños, esa niña le había hecho ver a la pequeña Naran de cuatro años que lo que pasaba no estaba bien ni era normal. El segundo fue un profesor de cuando ella empezaba tercero del jardín, él la hizo ver que Eso no sólo estaba mal, sino que la mayoría de la gente no lo aceptaba y creían que debía cambiarse, a partir de ese momento supo que nadie más debía saberlo o lo peor podía ocurrir, tal y como sus padres se lo hicieron entender.

El tercero había sido Pat, a los once años Naran estaba consciente de lo que Eso era y significaba, ya había aprendido bien a guardar el secreto y aún así Pat se dio cuenta y se lo preguntó directamente pues él mismo también vivía con algo similar. Sin desearlo Naran le abrió su corazón a ese amigo y él a ella; sin darse cuenta estar juntos se convirtió en una verdadera felicidad para ambos hasta que el dolor los hizo recordar la realidad cuando fueron separados.

A Naran le había costado casi un año sobrepasar ese sentir, cuando lo hizo decidió cuidar más la distancia que tomaba de todos los que conocía al tener relaciones superficiales con todos ellos. Con falsedad cubrió esa superficialidad hasta que al conocer a las últimas dos la hizo cerrarse aún más y volverse un tanto fría y callada, algo que no le terminaba de agradar pues no se sentía como ella, como la persona que había decidido ayudar a los que lo necesitaran.

Por eso fue que en cuanto tuvo la oportunidad cambió de grupo. Para su clase de español debieron formar equipos de cinco, sin decirle nada a sus amigas actuales tomó sus cosas y se fue con las cuatro chicas risueñas las cuales la aceptaron sin una sola objeción y sintiéndose agradecidas por no haber tenido que esperar al miembro sobrante. Sin quererlo Naran se interesó por saber donde acabaría Ryotarou quien fue llamado a hacer equipo con los tres chicos fanáticos de los cómics además del otro solitario quien no pareció tan cómodo como su compañero de pintura.

Gracias a ese trabajo conoció mejor a Elizabeth, Hina, Kari y Sofía. Tal y como lo había visto, las cuatro chicas tenían un humor muy simple aunque no por eso se reían de cualquier cosa, sabían con qué entretenerse y pasar el rato a pesar de que no todas tenían los mismos gustos. Naran se sentía más cómoda con ellas pues su risa solía ser contagiosa y, a pesar de que pocas veces ella decía cosas que las hiciera reír tanto, ninguna de las cuatro la criticaba o la obligaba a unirse a su despliegue de simplezas.

A partir de ese trabajo se fue separando lentamente de las primeras chicas por excusa de que tenían que ponerse de acuerdo. Aun así, en las mañanas siempre hablaba con sus primeras amigas, además de que recuperó la confianza en sí misma para hablar con todos sus compañeros, sin falta, al menos una vez al día, aunque el chico más tímido y solitario era quien menos agradecía sus intentos de amistad.

También notó que por ese trabajo, Ryotarou por fin se unió a un grupo, los tres chicos con los que había hecho el trabajo no volvieron a dejarlo solo al descubrir que él no tenía gustos tan diferentes a los de ellos. Naran se sintió feliz por que ya no estuviera solo y no fuera sólo ella quien lo siguiera, y al mismo tiempo sintió un poco de envidia por no haber sido ella a quien él hubiera elegido. Al final era mejor que no hubiera pasado así.

Rápidamente se pasó un mes para Naran, dos veces había dejado de ir al lugar secreto donde Ryotarou también esperaba la clase de pintura pues había pensado que a él podía gustarle estar solo en ese lugar más que cuando ella lo invadía aun cuando tomara su distancia y no le hablara.

Sólo ese jueves, ella fue a sentarse sorprendiéndose de que Ryotarou no estuviera ahí aún. No se sentó en el lugar de siempre sino que se quedó más cerca de la pared blanca que separaba la plaza de su escuela, ahí se recargó un poco en los arbustos sobrevivientes del borde natural que trataron de hacer.

De nuevo se había enfermado, llevaba su cubre bocas desde el martes de esa semana después de haber faltado el lunes. Por eso ese jueves se alejó temprano de sus amigas para irse a refugiar a ese espacio esperando que el malestar pasara rápido.

No llevaba más de cinco minutos ahí cuando escuchó los pasos de quien esperó sin darse cuenta. Frente a ella, a unos pasos más hacia la banqueta del lugar, Ryotarou tomó asiento después de saludarla en el momento en que levantó la cabeza para verlo e intentar mostrarle su sonrisa de siempre aunque esta estuviera cubierta. Naran lo notó dudar un poco antes de terminar de acomodarse, ella sabía bien que ese había sido el comportamiento de alguien que dudaba si debía preguntar algo o no. Él, a diferencia de los de siempre, se guardó su curiosidad para concentrarse en su libro.

Naran volvió a cubrirse el rostro en el espacio que quedaba entre su pecho y sus rodillas cuando recargaba sobre estas los brazos. De nuevo se dejó perder en el vacío de su lucha mental por no pensar en ciertas cosas.

miércoles, 15 de junio de 2016

Restart, never forget and keep walking; maybe the road had an end or a pause you’ll like.

Desde su inicio de la preparatoria Naran se dio cuenta que los cambios constantes de escuela se harían más difíciles pues la mayoría de los planes de estudio tenían sus variaciones en cuanto a temas y materias, unas cuantas variaban los periodos ya que esas pocas utilizaban un curso semestral.

Al preguntar durante su inscripción, cuatro de las once preparatorias que llamó le negaron la inscripción por ese asunto de abandonar los cursos al término de unos meses, una parte de la suerte la tuvo al encontrar una institución pública que tenía catorce preparatorias en la ciudad donde llegaba ese día así que sólo le quedaba rogar porque en algunas otras ocasiones el trabajo de sus padres se situara en esa misma ciudad o tendría de nuevo que pasar los problemas de llamar a tantas preparatorias como pudiera para que la aceptaran.

Lo que menos le preocupaba de las condiciones que le habían dado las escuelas era el examen que haría antes de iniciar las clases para que sus profesores conocieran el nivel que llevaba y los temas que ya había revisado, aunque ella misma estaba segura que los maestros no le darían mucha importancia a lo que lograran conocer de su nivel puesto que ya estaba más que acostumbrada a que en las escuelas públicas los profesores no se relacionaran demasiado con sus alumnos por la cantidad.

Las clases ya tenían dos meses de haber comenzado, en su último mes en tercero de secundaria había escuchado a sus compañeros hablar sobre el examen de selección que la mayoría realizaría para saber que preparatoria pública los aceptaría, y aunque muchos de ellos temían sobre no quedar en su primera opción, muchos otros se concentraban en la alegría de volverse mayores y experimentar nuevas cosas en ese nivel de estudios que los medios solían marcar como la mejor época de la juventud donde se acercaban al momento de la transición a adultos.

Para Naran no era así, le agradaba escuchar a sus compañeros emocionarse de tantas formas diversas, sin embargo para ella no era otra cosa que una etapa más que recorrer para acercarse a un futuro que no tenía planeado aún ni tenía el deseo de hacerlo.

Otra de las cosas que su cambiante estilo de vida le impidió experimentar fue la graduación de la secundaria pues algunas compañeras le habían contado cómo era que se esperaba que las más sentimentales lloraran mientras las memorias del pasado las embargaban y los chicos sólo se despedían como ellos podían hacerlo. Naran no tenía muchos recuerdos con el grupo con el que convivió sus últimos dos meses de secundaria, no tenía amigos con quien hacerse la fuerte sobre el final de esa etapa pues la distancia siempre la había mantenido con todos en un intento por no lastimarse a sí misma por el adiós que siempre debía dar.

No sólo porque estaba acostumbrada a las despedidas fue que no experimentó lo mismo que ellos, también fue que cuando las ceremonias se llevaron a cabo en la mayor parte de las escuelas, ella se encontraba desempacando en una nueva ciudad.

Recordando parte de lo que ya había perdido, se dirigió muy temprano a su nueva preparatoria. El jueves de la semana pasada ya había hecho su evaluación previa por lo que ese primer lunes debía ir a recoger su horario y demás papeles que necesitaba para ese tiempo en que sería una alumna de ahí.
Gracias al rápido recorrido que le habían hecho el jueves, ese primer día no estaba tan perdida por lo que fácilmente llegó a las oficinas de los directivos y a la búsqueda de su salón.

Los edificios eran ligeramente mayores a todas las secundarias por las que había pasado, mas lo que hacía esa nueva escuela ser mucho mayor a las pasadas eran las instalaciones y espacios que tenía de más, como lo era el gimnasio, la biblioteca, el auditorio, las canchas de baloncesto y fútbol junto a la pista de correr y los estacionamientos.

Le gustaba esa nueva escuela, había muchos árboles rodeándola además de que por fuera había un camellón que dividía los dos flujos de la avenida donde había pequeños parques y zonas para ejercitarse. Estaba segura que al resto de los estudiantes les agradaba la idea de tener una plaza en cada lado de la preparatoria, lo cual era una excelente excusa para saltarse clases o regresar tarde a sus casas.

A las siete en punto llegó a la entrada del salón que ocuparía en esa primera clase de biología, se detuvo a unos metros de la puerta mientras veía a los compañeros que habían llegado más temprano y que parecían ser la mayoría. Después de dos meses era natural que ya se hubieran formado los grupos de amigos aunque todos eran o de chicas o de chicos sin que se hablaran mucho entre ellos aún.

Naran observó la variedad de chicos que había, todos estaban metidos en sus propias conversaciones por lo que no se daban cuenta de ella o los que lo hacían sólo creían que era alguien que no habían notado antes pues sus grupos de treinta y cuatro personas les provocaban dudas sobre si ya conocían a todos sus compañeros o no.

Su maestra llegó dos minutos después de las siete, con los brazos llenos de cosas para su clase, sin detenerse a saludar a nadie; abrió la puerta de su salón que al ser un laboratorio se cerraba con llave, mientras que los salones comunes estaban siempre abiertos.

La chica nueva se esperó a que la mayoría de sus compañeros ya hubieran entrado, al dirigirse hacia la profesora le entregó el papel que los administradores le había dado, la maestra la vio como enojada porque le hubiera interrumpido la rutina. Alzando una ceja leyó el recado antes de devolvérselo.

—Siéntate donde puedas, pídele a alguno de tus compañeros sus apuntes —sin hacer más contacto con ella, la profesora se le dio la espalda para seguir acomodando sus cosas para la clase—. Ah… y vuelve al final para que te anote en la lista.

—Sí, gracias.

Sus compañeros seguían en sus conversaciones sin prestarle atención, lo que estaba agradeciendo pues desde unos meses atrás había decidido que mantendría un perfil más bajo sin llamar demasiado la atención a menos que lo necesitaran casos donde ella pudiera ayudar.

Pensando de esa forma, fue a una de las mesas donde estaban los dos chicos que antes ya había visto solos. No estaba segura si esperaban a alguien o si de verdad eran los solitarios del salón, cada uno de ellos se había acomodado en los dos extremos de la mesa cuádruple así que ella ocupó el segundo lugar más cercano al pasillo que separaba las mesas, de ese lado el chico le parecía ser un tanto más solitario que el otro.

—Disculpa… ¿podrías dejarme ver tus apuntes anteriores de esta clase? —la pausa la realizó para ver la reacción del chico, este no se encogió como si alguna vez hubiera pasado por las maldades de otros chicos aunque su personalidad tímida lo hizo sólo ver de reojo a la chica antes de empujarle a medio camino su cuaderno que ya había abierto antes de que ella llegara—. Gracias.

Llevaban escritas veinte páginas, o al menos ese chico de nombre Alan las llevaba, algunos temas los recordaba de lo que había visto en su anterior escuela aunque un par más no se le hacían conocidos. La letra de ese chico no era muy buena, aunque pudo entender bien de lo último que habían visto y las notas extras que él hacia dentro de sus apuntes.

Una vez que había leído y entendido su clase anterior, le regresó el cuaderno agradeciendo de nuevo con su usual sonrisa amable. La profesora ya llevaba dos nombres de la lista cuando otra chica entró pareciendo que había corrido para alcanzar a entrar, esta pasó lo más rápido que pudo hasta notar que la mesa de sus amigas ya estaba llena por lo que tendría que ocupar el único lugar vacío detrás de la mesa de ellas entre los, ahora tres, solitarios.

Tres de esas chicas eran las típicas personas que les gustaba hablar de maquillaje, ropa y chicos aunque no eran de las que criticaran de forma muy grosera o molestaran a otros, la cuarta chica era alta y de apariencia poco femenina aunque por la forma en que hablaba con las otras hacía pensar a Naran que no estaba tan desentendida de las mismas cosas, y la quinta era la más baja de ellas con una apariencia ni tan femenina ni tan simple.

La más alta y la más maquillada entre ellas le hicieron burla a la última en llegar por haberse quedado dormida y por el lugar que tenía que ocupar. A pesar de que no decían nada grosero, esa última chica se giró a ver a Naran para sonreírle como si se disculpara, a lo que la otra respondió con su sonrisa de siempre.

Esa sonrisa provocó que se distrajera completamente de lo que sus amigas seguían diciendo y de la lista pues era un tipo de sonrisa que no olvidabas ni dejabas pasar desapercibida por la pureza de esta, sin embargo no pudo decirle nada debido a la mención de su apellido en el pase de lista y el inicio de la clase.

El chico a la izquierda de Naran terminó rápido de guardar sus cosas mientras que ella aún se tardaba por buscar el papel que debería enseñarle a los demás profesores, además de que notó a la chica de su derecha verla como si quisiera preguntarle algo aunque no terminaba de animarse si sus amigas no estaban al tanto.

—Oye… ¿eres nueva? —había incredulidad en su pregunta, su voz hizo a las otras cuatro chicas voltear a ver a la misma chica que su amiga veía.

—Sí… hoy es mi primera clase… —le estaba sonriendo mientras respondía hasta que fijó su mirada al frente donde la profesora casi terminaba de recoger sus cosas—. ¡Ah! Lo siento, debo ir con la maestra.

Mitad agradecida por haberse liberado de la atención que tenía sobre de ella y mitad apenada por irse de esa forma, fue a decirle sus apellidos a la maestra mientras las otras chicas se quedaban a hablar entre ellas. Naran pudo notar al chico del otro extremo pedirle permiso a su compañera para salir pues su banco le impedía pasar, ella se disculpó al instante aunque él no hizo mucho caso pues parecía querer irse rápido.

Cuando ella terminó con sus asuntos de la materia salió, afuera las cinco chicas la esperaban llenas de curiosidad por sus razones de entrar a esas alturas del ciclo, Naran no pudo huir más así que les contó lo de siempre mientras caminaban hacia el nuevo salón para su siguiente clase, además de que le facilitaron el prestarle sus cuadernos para que fotocopiara lo que se había perdido.

Como siempre, el que se cambiara constantemente de escuela llamó la atención de quienes la acogerían en su grupo social durante su estancia en esa escuela, gracias a eso no tenía que estar huyendo de sus propios compañeros o tratando de hablarle a la mayoría, lo que había decidido dejar de hacer. Por eso fue que su primer día fue muy sencillo sin tener que recordar todo el recorrido que le habían dado antes, sus siguientes días también fueron tranquilos mientras observaba a sus compañeros y entendía a sus nuevas amigas.

No se sentía muy apegada a esas cinco chicas, de alguna forma le parecían personas simples y  superficiales que ya querían madurar para cumplir lo que sea que se imaginaban para su futuro, aún así no era desagradecida con ellas por lo que se portaba tan amable y amigable como se permitía a si misma pues esperaba ya no formar lazos de nuevo con nadie.

Por sus conversaciones se dio que cuenta de cuáles eran los grupos que esas cinco chicas querían acercarse por el tipo de chicos que había y les interesaban, Naran evitaba las preguntas de ese tipo con la excusa de que aún no podía decirlo por lo poco que sabía de ellos aunque en unas semanas no tendría más opción que responder así que de vez en cuando se daba cuenta de que terminaba observando a sus compañeros.

Había un pequeño grupo de chicos compuesto por tres, a Naran le parecía como si se hubieran conocido de toda la vida puesto que se trataban con tanta confianza y alegría que hacía a otros envidiarlos, a sus nuevas amigas no les llamaban la atención porque aparentaban ser los típicos chicos de gustos raros como los videojuegos o los cómics. Mientras ellas los pensaban como raros, Naran los veía como personas amables que no tendrían perjuicios sobre el resto aunque sus habilidades de socialización no parecieran buenas.

Aparte de ellos había un cuarteto de chicas despreocupadas que no parecían tener nada en común pues cada una vestía diferente, llevaban cuadernos o mochilas que demostraban una variedad de cosas que determinaban sus distintos gustos; lo que las había unido, según lo que Naran intuía, era la forma de ser de ellas pues solían reír con facilidad de cosas que no solía comprender aunque le parecía lindo que rieran tanto.

Otro grupo notable era de seis chicos, la mitad de ellos eran los típicos chicos que parecían problemáticos por las bromas que les gustaba jugar a quienes pudieran, ya fueran bromas pesadas o inocentes; mientras que la otra mitad parecían más tranquilos en ese aspecto aunque fumaban y hablaban con groserías o críticas un tanto más agresivas que las de sus compañeras. Naran sabía que no quería acercarse mucho a ellos no porque le dieran miedo, si no porque no creía que se pudieran llevar bien.

Y por último estaban los dos chicos solitarios con los que había decidido no involucrarse más si no encontraba razones para ello ya que los dos parecían cómodos estando así. Uno era verdaderamente tímido como lo demostraba con cualquiera que se le acercara, por otro lado el segundo parecía estar demasiado encerrado en sí mismo como para notar el resto aunque cuando alguien más le hablaba lo hacía en forma tranquila y neutral.

A la mitad de la semana su grupo de amigas se habían atrevido a hablarle al grupo de los seis chicos, no eran tan malos como se veían aunque Naran ya lo había imaginado por su política de no juzgar a alguien sólo por su apariencia; los seis fácilmente se entendieron con cuatro de ellas ya que la más baja se mostró realmente tímida con la presencia de hombres.

Naran ya estaba acostumbrada a ese tipo de chicos así que ayudó a esa chica a no sentirse tan presionada por ellos haciéndole compañía y distrayendo la atención que parecía que la perturbaba.

Ese miércoles no habían podido salir entre todos por culpa de las materias optativas que llevaban cuatro de ellas y tres de ellos por lo que lo postergaron al siguiente día aunque Naran era la única que tenía actividades ese día. Por eso fue que la tarde del jueves se tardó un poco en convencerlos de que debían irse sin ella y que otro día iría con ellos.

Ninguna de las materias que sus amigas habían elegido le llamaban la atención, lo que le interesaba era pintura por lo que su amigo Pat le había enseñado años atrás, sin embargo el lunes que había ido a buscar un grupo sólo se encontró uno en jueves cuya clase comenzaba una hora después de que ellos hubieran terminado sus clases, algo que no le había dicho a sus amigas. El maestro de esa clase no tenía una apariencia muy carismática, empero era amigable y entendía bien lo que la chica le explicó así que se sintió a gusto con él además de que llegar tarde a su casa era algo que siempre acostumbraba.

El lugar donde decidió esperar había sido el hallazgo del miércoles cuando pudo escaparse un poco antes de sus amigas mientras buscaban a los seis chicos, su recorrido solitario alrededor de la escuela había tenido por único objetivo el encontrar un espacio para ella sola donde pudiera esperar su clase cada jueves o pudiera alejarse un poco de la gente cuando se sintiera abrumada o lo necesitara.

Alejado de la mayoría de los edificios, sólo unos pasos detrás del auditorio y cercano al muro que separaba la escuela del centro comercial contiguo, se encontraba un estrecho espacio de árboles y un suelo pobremente tapizado con pasto pues las ramas y semillas se habían encargado de ocupar su lugar. Sólo un estacionamiento solitario separaba ese espacio del resto de la gente.

Con varias cosas en la cabeza, Naran llegó al espacio sin fijarse en los alrededores, se sentó en el mejor lugar donde tuviera vista hacia la avenida por donde los coches circulaban y la reja frontal donde los estudiantes caminaban hacia las paradas del transporte. Dejó su mente alejarse un poco hasta que un ruido atrás del árbol donde se había recargado la hizo despegarse y asomarse, lo que a su vez también hizo un ruido que llamó la atención del que ocupaba el otro lado del tronco.

Al asomarse se encontró directamente con la mirada de un chico que ya reconocía. Era uno de los chicos solitarios, el de respuestas calmadas, quien regresó a su posición inicial en el momento en que ella se disculpaba con su sonrisa. Naran confirmó que de verdad se trataba de alguien tímido, no solamente aislado.


Decidió no forzar una conversación pues notó que él se había encontrado leyendo antes de que se diera cuenta de su presencia así que no lo interrumpió más. Recargándose de nuevo, cerró los ojos unos momentos tratando de que sus pensamientos no se fueran hacia lo que no quería recordar.